Una película brillante y repleta de evocaciones familiares, concebida abiertamente como un homenaje a la profesión de cómico y a las vicisitudes sufridas en unos tiempos muy difíciles y marcados por la pérdida de derechos y libertades y seres queridos. Ambientada en los tiempos de la Guerra Civil y de la inmediata posguerra, la película atiende fundamentalmente las carencias y miserias de ese tiempo y las escasas esperanzas de los protagonistas, dos amigos con larga experiencia en los escenarios, uno de ellos homosexual, y un huérfano acogido por los actores y educado en el oficio.
El film recorre media docena de años, hasta llegar con un amplio salto en el tiempo al presente, con el niño ya convertido en anciano (interpretado por el padre del director, el otro Emilio Aragón) y atraviesa diferentes conflictos, incluido un atentado contra Franco, entremezclando aspectos contextuales bastante precisos con una aproximación intimista que predomina de principio a fin. Es decir, se anda más cerca de los modelos televisivos Amar en tiempos revueltos o Cuéntame cómo pasó que de los ejemplos más rigurosos, salvando las distancias, de los films Cómicos, de Bardem, El viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán Gómez, o el extraordinario El viaje de los comediantes, de Theo Angelopoulos. El film de Emilio Aragón apuesta por la anécdota, el sentimentalismo y un inevitable maniqueísmo, aunque ha contado con la colaboración en el guión de Fernando Castets, experimentado con gentes como Campanella (El mismo amor, la misma lluvia) o Costafreda, consiguiendo dotar a la estructura narrativa de una aceptable coherencia, más allá de lo forzado de algunas soluciones.
Pero, sobre todo, estamos ante una película de y sobre los cómicos y hay que celebrar el trabajo y la presencia de talentos como Imanol Arias, Lluís Homar, Luis Varela, Carmen Machi, José Ángel Egido, Fernando Cayo, etc., en los principales papeles, así como las breves intervenciones de otros muchos, como Cristina Marcos, Francisco Merino, Asunción Balaguer, María Jesús Hoyos, etc. Demasiado superficial, convencional y previsible, Pájaros de papel se disfruta en función de esos referentes, esas interpretaciones y esos posicionamientos ante las virtudes de una profesión.
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