Oren Peli ha dejado la franquicia en manos de Tod Williams (Una mujer difícil, 2004), con toda la tranquilidad de que ni el oficio ni la creatividad van a modificar ni mejorar la olvidable película que rompió las taquillas el año pasado. Al menos, entonces se pudo justificar el éxito de público por la curiosidad y la supuesta novedad de la fórmula empleada, pero en la edición de este año esos 41 millones y medio de dólares que lleva recaudados abren un interrogante sobre lo que hace pagar una entrada y perder una hora y media de sus vidas a tanta gente. Eso sí que es paranormal. Si al menos estas líneas sirven de aviso a navegantes, doy por bien empleado el tiempo malgastado, porque no podemos hablar de cine, ni de terror ni de imaginación. Los autores apelan a la sugestión, la concentración del espectador atento a cualquier pequeño crujido, sonido, movimiento en las grabaciones, para no recompensarle ni al final. No les demos más cancha.
EVA PEYDRÓ |