Al igual que sucedía con el anterior trabajo de este cineasta, la exitosa Fuera de carta, nos encontramos ante un producto situado dentro de la tradición de la comedia costumbrista española en su versión más comercial, la celtibérica primero y la asociada a la tercera vía después, una vinculación que debe entenderse por su vocación popular y en ningún momento como peyorativa, ya que la corrección de su talante moral queda, al menos para mí, fuera de toda duda, a pesar de las sospechas que, por momentos, pueda generar la complacencia en algunos personajes y situaciones (los chistes ultramontanos del personaje que interpreta Hugo Silva).
Comparte igualmente con este apartado de la comedia española cierto desaliño formal, o al menos unos planteamientos narrativos que la mayoría de las veces resultan excesivamente simples, probablemente con la mirada puesta en los hábitos del espectador menos exigente, con un abuso de primeros planos un tanto dejados caer y un cierre de secuencias con subrayado musical que remite a vulgares y conocidos modelos televisivos, por citar dos ejemplos. Unas limitaciones que se extienden a la propia historia, a sus giros y situaciones, que se sitúa dentro de las convenciones del modelo “chico busca chica”, y dispone como tal de los inevitables malentendidos, encuentros, desencuentros y reconciliaciones, con la particularidad de que se trata de una pareja de “feos”. Una cuestión, la fealdad, que por otra parte es el motivo central del film, y que, como sucedía en la primera con la homosexualidad, está contemplada buscando la complicidad de ese público escasamente exigente, un poco vamos a reírnos con ambos, los feos y los homosexuales, pero los aceptamos y normalizamos, un planteamiento que puede que tenga gato encerrado (muy probablemente), pero que pienso que funciona en la buena dirección en su conexión con el gran público.
Una discreta y en general agradable película, algo menos divertida que su precedente, bien atendida en la humanidad de sus diversos personajes (el insoportable machito que interpreta Hugo Silva tiene su momento de buenos sentimientos, y el cura a cargo de Tristán Ulloa se suelta finalmente la melena), y sobre todo con muy buenos actores, todos, que con su trabajo añaden un decisivo plus a la dignidad del producto.
PEDRO URIS |