(1) SOBREPASANDO EL LÍMITE, de Henry Bean
Contaminación acústica

La segunda película como realizador del norteamericano Henry Bean repite en la extrema singularidad del argumento, en aquella ocasión (El creyente) se trataba de un joven judío que ingresa en las filas del partido nazi y ahora es un hombre que emprende una cruzada personal contra el ruido que reina en una gran ciudad como Nueva York, especialmente el producido por las alarmas de los coches que se disparan y suenan sin cesar. Un enfrentamiento que llega a convertirle en una especie de enmascarado nocturno que arremete contra los vehículos “culpables” y termina arruinándole la vida, tras el fracaso de una breve estancia en una zona rural en la que el problema acústico llega de la mano de los sopladores de hojas, dicho sea de paso uno de los inventos más dementes y ruidosos del género humano.
Al margen de la mayor o menor superficialidad en los elementos que maneja la película en su discurso —la caricatura de alcalde que interpreta William Hurt—, en general más escorada hacia lo primero que lo segundo, el principal problema del film es que en ese argumento, el que nos propone en concreto, no hay una película, o al menos se hace muy difícil imaginar historia y sucesos suficientes para completar su metraje, tanto es así que el cineasta se ve obligado a recurrir a piruetas narrativas innecesarias —la trayectoria de la joven que le descubre— y a derivaciones de la trama que directamente son de otra película —el trío sacado de la manga—, para agotar sus noventa minutos pelados de duración, sin conseguir en ningún momento despertar el interés en el espectador, por mucho que éste, como en mi caso, sea especialmente sensible al tema de la contaminación acústica y convertiría en chatarra todas las motos de escape libre que se cruzaran en su camino... y ya puestos, por pedir que no quede, también los sopladores de hojas.

PEDRO URIS