Esta adaptación —con algunos cambios poco significativos— de la novela autobiográfica de Simon Carr (un periodista británico que publica en “The Independent”) es un melodrama familiar, con algunas escenas de comedia, que maneja los resortes emocionales de forma comedida gracias al oficio delicado y sensible de Scott Hicks, un realizador australiano que causó cierto impacto con su film Shine (1996), y a la ajustada labor interpretativa de Clive Owen como protagonista.
El guión se limita a desarrollar de forma sencilla y directa una serie de situaciones —con algunos flash-backs que evocan a la esposa muerta— en torno a los problemas afectivos y educativos de un viudo con dos hijos procedentes de diferentes matrimonios, un periodista deportivo cuyas vivencias y sucesivas residencias permiten mostrar escenarios naturales tanto de Inglaterra (Londres y Surrey) como, especialmente, del sur de Australia, donde en medio de bellos paisajes y cerca del mar se ubica el gran caserón familiar.
Sólo ellos es una discreta aunque correcta película sobre complicadas relaciones paterno-filiales, con atinadas referencias a conflictos habituales de cada día en torno a niños y adolescentes, relacionadas sobre todo con su formación, en la que conviene evitar un excesivo proteccionismo pero también una total permisividad. En suma, un relato elaborado básicamente con sentimientos pero que permite además al espectador preguntarse sobre los límites entre diversión y disciplina, sobre la responsabilidad paterna respecto a los hijos, sobre las dificultades para superar el dolor provocado por una grave pérdida familiar y sobre la escasa aptitud del varón para atender a su prole por culpa de una errónea educación que le hace competente para el trabajo profesional pero torpe para el buen gobierno del hogar.
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