Gemma Arterton en una escena de TAMARA DREWE, de Sthephen Frears.
(3) TAMARA DREWE (Tamara Drewe), de Stephen Frears
Ealing siglo XXI

Aunque está basada en un cómic contemporáneo de Posy Simmonds, creo que la auténtica fuente de inspiración de esta agradable película son esas comedias costumbristas producidas por la Ealing en los años cincuenta que constituyen una de las señas de identidad del cine británico. Claro que los tiempos han cambiado y los personajes son más descarados y promiscuos sexualmente, especialmente la protagonista nominal, Tamara Drewe, por más que su prolongada aventura con el maduro y engreído autor de novelas policíacas chirríe un poco, precisamente por lo prolongado.
Y he escrito protagonista “nominal” con toda la intención, ya que la joven que da título al film, y también al cómic original, no es una protagonista en toda regla, pues comparte tal condición con más de un personaje de esta historia decididamente coral, especialmente, si atendemos a la definición clásica de protagonista (aquel personaje que con sus acciones y decisiones determina el rumbo de la historia), con la adolecente desmadrada que interpreta la debutante Jessica Barden, auténtico motor de los delirantes sucesos que componen la segunda parte de un film que ella misma cierra de manera espectacular.
Hasta llegar a ese momento, el brillante plano final, compartimos vida y miserias con un puñado de personajes y situaciones de sabor clásico, de pequeña comunidad cargada de frustraciones, bien contemplados y bien narrados por este experimentado e inteligente cineasta, todos y todas cargados de humanidad e intención. Un pedazo de vida lo suficientemente amplio para que reconozcamos manías propias y ajenas, y lo suficientemente hábil para que permanezcamos atentos a las peripecias y el futuro de nuestros personajes, siempre con una sonrisa en los labios, aunque muchas veces sea una sonrisa cargada de dinamita. Buen cine.

PEDRO URIS