Un primer largometraje que revela el talento de su joven director, aunque Jonás Trueba ya había destacado en su faceta de guionista en las comedias de Víctor García León, acertado tanto en la definición y presentación de los personajes, como muy especialmente en la construcción narrativa y en la puesta en escena. Las historias de amor y desamor de los protagonistas no ofrecen una gran complejidad o riqueza de matices, al igual que sus vidas, más o menos anodinas, que tampoco destacan por sus graves problemas o agitadas reacciones. Sin embargo, la lectura reflexiva que el film conlleva permite una aproximación muy certera a ese universo de sentimientos y frustraciones cotidianas. El ejemplo y el recuerdo de cineastas como Rohmer y, sobre todo, Truffaut, recorren el relato de principio a fin, desde su división en capítulos de títulos generalmente irónicos hasta el uso de la voz de la off o de las escogidas músicas (Perico Sanbeat, por ejemplo).
En esos recuerdos, en esos ejemplos, reside una de las principales virtudes del film, con esa combinación hábil y casi espontánea de referencias culturales y vivencias sin acontecimientos, hecho que refuerza la condición de librero, responsable de una tienda de ocasión, de ese tío que emplea al protagonista y que interpreta de manera genial Ramón Fontseré. Otras bazas a favor son el continuo humor y fina ironía que impregnan el comportamiento y los diálogos de los personajes, acertando constantemente en ese tono elegido, sin sobresaltos, sin grandes momentos, sin apenas implicaciones, como si todo resbalara bastante, sea amor, sexo, poesía o mera supervivencia. Tanto los amigos como las amigas / amantes que rodean a Ramiro participan de esa melancolía que parece predominar en el protagonista, pero la atención prestada por el film a todos y cada uno de ellos no comparte esa actitud, sino que se acerca a sus claves de la manera más eficaz. Un film que muestra de forma palpable su libertad, su inclinación por modelos que nada tienen que ver con la vulgaridad y los convencionalismos que suelen hacer acto de presencia y que evidencia, como decíamos al principio, un enorme talento para decidir y lograr contarnos las cosas como mejor conviene a personajes, cineasta y espectadores. Un gustazo.
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