(1) TODO INCLUIDO, de Peter Billingsley
Terapia matrimonial

Cuatro parejas del Medio Oeste americano, formadas por cuarentones de clase media, marchan de vacaciones a una paradisíaca isla tropical del Pacífico Sur, pero deben someterse todas a una terapia para matrimonios en crisis por culpa de una de ellas, a punto de divorciarse, que contrató a precio rebajado una oferta especial para grupos, el “paquete Pelícano”.
Rodada en la isla de Bora Bora y en un gran decorado de Los Ángeles, Todo incluÍdo es el debut como realizador de Peter Billingsley (ex productor) y constituye una comedia disparatada que no evita manejar los habituales tópicos del género aunque sin caer en el mal gusto de muchos de los actuales éxitos de taquilla. Un ritmo sin pausas y un ambiente acogedor hacen pues del “Hotel Edén” un lugar ideal para pasar unas buenas vacaciones aunque no tarden en surgir los pequeños problemas de pareja, bastante bien observados, con los que se identifican sin dificultad numerosos espectadores.
Pese a lo previsible del desarrollo y lo conformista del desenlace, la exagerada actuación del gurú (Jean Reno) con sus afectados rituales, raros manjares y singulares ejercicios de yoga, la existencia de una isla reservada a solteros (hermosas chicas, bebidas afrodisíacas, orgías, etc.) y la acertada selección de canciones pop hacen de esta película un discreto pasatiempo que incluye el obligado final feliz con el conocido eslogan “el amor verdadero es el que uno tiene en casa y sólo hace falta esforzarse un poco para que funcione y dure”. Un optimismo que no impide una mirada ligeramente satírica sobre los negocios montados para turistas (sus fantasías hechas realidad, el falso folklore, las mentiras piadosas, etc.) en una comedia basada en la fórmula de plasmar situaciones cotidianas en un escenario exótico y excepcional.

VANACLOCHA