Robert de Niro en una escena de TODOS ESTÁN BIEN.
(2) TODOS ESTÁN BIEN, de Kirk Jones
Mentiras piadosas

Desde la Antigüedad, pasando por Shakespeare hasta hoy mismo, el desapego filial ha sido uno de los grandes temas de la existencia dramatizados en la escena y en la pantalla. En el pasado año se ha citado no en vano a Ozu, a propósito de algún film que debía y bebía la estela del primer referente cinematográfico, no superado, en la plasmación del drama que supone para los progenitores recoger los frutos de la crianza. Esta vez, asumiendo totalmente el remake de la película homónima de Giuseppe Tornatore (1990), el británico Kirk Jones afronta el reto con las rutinarias estrategias de quien teme alejarse del reiterativo esquema de un guión que deja al aire sus costuras sin ningún pudor. La historia del padre que descubre no conocer a sus propios hijos es minuciosamente repetitiva, escrita sobre una plantilla de tópicos y predecibles situaciones (y resoluciones). Sin embargo, Jones cuenta con una apisonadora actoral que puede hacer creíble cualquier cosa: Robert De Niro, que en este caso parece incluso parodiar a un actor del montón que interpreta a un personaje sin personalidad. De Niro se deja llevar por la road movie reaccionando con calma a las sorpresas que encuentra, manteniendo la compostura, hasta que su cuerpo deja de aguantar un exceso de revelaciones respecto a las vidas de sus hijos y a la suya propia. El planteamiento, ritmo, didactismo de la película se corresponden bien con un telefilm de sobremesa, astutamente apuntado al lagrimal, pero en la gran pantalla no se sostiene como debería, a pesar de contar con atisbos de creatividad en la puesta en escena. En este sentido, me refiero al empleo de la metáfora de los cables telefónicos, pequeñas anécdotas que buscan la identificación fácil... y a la ausencia de un background más revelador para profundizar en la brecha generacional que se exalta en la película. Por otra parte, la banda sonora de Dario Marianelli, ganador del Oscar por Expiación (2007) nos recuerda inevitablemente lo más empalagoso de Morricone, rematando con Paul McCartney, que interpreta la canción original del film. Kate Beckinsale, Sam Rockwell y Drew Barrymore encarnan con fortuna a los hijos de Goode, destacando sus interpretaciones, sobre todo la de ésta última, una Rosie que expresa con pocos recursos toda su relación pasada y presente con su padre, por otra parte, el excelente Rockwell, destaca en un papel a su medida: Un conjunto de intérpretes que está a la altura del protagonista indiscutible del film.

EVA PEYDRÓ