Gwyneth Paltrow y Joaquin Phoenix en una escena de TWO LOVERS.
(3) TWO LOVERS, de Michael Gray
Bipolaridad amorosa

El director James Gray (Nueva York, 1969) es una rara avis en el panorama del cine norteamericano que hasta el momento se había especializado en el thriller, realizando tres films en un intervalo de tiempo grande. Con 25 años dirigió en 1994 su primera película, Cuestión de sangre (León de Plata en el Festival de Venecia), la historia de un frío asesino profesional (Tim Roth) que regresa a su ciudad natal para realizar “un trabajo”. La otra cara del crimen (1998), distribuida con dos años de retraso, narra las andanzas de un ex preso que regresa a casa pero que se ve empujado de nuevo al mundo del crimen. Un relaciones públicas de una legendaria discoteca que esconde un negocio de tráfico de drogas es el protagonista de La noche es nuestra (2007), que compitió en la sección oficial del Festival de Cannes. Con Two Lovers cambia totalmente de registro para ofrecernos un drama romántico inspirado en la novela de Dostoievsky Noches blancas, trasladada al cine en 1957 Luchino Visconti.
Con estructura de cuento moral, James Gray ha situado la historia en el Brighton Beach de Brooklyn, en una familia judía practicante que mantiene al pie de la letra tanto los rituales religiosos como las costumbres derivadas de su religión. El hijo del matrimonio (magnífico Joaquin Phoenix, actor fetiche del director para quien escribió el guión) que regenta una tintorería ha regresado a casa tras una boda frustrada y varios intentos de suicidio. Padece una esquizofrenia que controla bastante bien gracias a la medicación. Todos sus pasos están controlados para que contraiga matrimonio con una chica sencilla y hogareña (convincente Vinessa Shaw), hija de otra familia judía dedicada al mismo negocio y así, de paso, crear un emporio más poderoso. Pero la casual irrupción de una nueva vecina (Gwyneth Paltrow da muy bien el registro de mujer deseada) le provocará una profunda crisis sentimental. Por un lado está la seguridad y tranquilidad que le ofrece la primera, la razón, pero por otra parte siente una especie de atracción fatal por la segunda, el corazón, a pesar de tratarse de una muchacha conflictiva, adicta a las drogas y amante de un próspero abogado. No hace falta padecer “una enfermedad bipolar” para ser víctima de este conflicto emocional. Esa dualidad está muy bien retratada en los contrastes entre el más popular Brooklyn y el Manhattan más glamouroso.
Con influencias de Alfred Hitchcock (control desde las ventanas del deslunado: La ventana indiscreta; obsesión enfermiza por la chica rubia: Vértigo), Two Lovers no es un vulgar drama romántico, todo lo contrario, nos habla con sutilidad de la soledad, la felicidad efímera, el amor imposible, la difícil línea de separación entre la amistad y el enamoramiento, la ocultación de los sentimientos, el amor platónico, la familia como último refugio, las fijaciones eróticas, la manipulación del más débil (encuentros en la azotea inducidos por la joven), la represión del impulso sexual…, en suma, la naturaleza poliédrica del deseo. Estrenado con dos años de retraso, Two Lovers es un personal film que vale la pena ver.

VICENTE