El actor Colin Firth (premiado en el último festival de Venecia) encarna a George Falconer, un profesor británico afincado en California que vive sumido en una profunda depresión tras la muerte en accidente de su compañero sentimental Jim, con quien ha convivido felizmente durante dieciséis años. Un hombre soltero es una libre adaptación de la novela homónima de Christopher Isherwood, publicada en 1964, con la que debuta en la dirección cinematográfica Tom Ford (Texas, 1961), un famoso diseñador de modas que también desempeña aquí las labores de productor y guionista, aportando como tal algunos detalles de carácter autobiográfico. El relato se estructura mediante una serie de flashbacks —a modo de recuerdos— sobre diferentes momentos de la vida del protagonista, que asume por entero el punto de vista narrativo a partir de un presente que se limita al breve periodo de 24 horas.
Ambientado en Los Ängeles en 1962, con la problema de los misiles nucleares soviéticos ubicados en Cuba como telón de fondo, en medio de una “guerra fría” con buenos y malos enfrentados que —es de suponer— acentuaría el clima patriótico e intolerante de la sociedad norteamericana, el film se caracteriza por su densidad dramática, su carácter intimista y su sobriedad expresiva, destacando tanto por la exquisitez de su lenguaje verbal (con discretas alusiones a la identidad sexual del profesor) como por las imágenes captadas por el catalán Eduard Grau, un director de fotografía que se permite pasar del gris a un fuerte cromatismo para significar los cambios en el estado de ánimo del protagonista.
Un hombre soltero es, pues, una película tan elegante como lo son su vestuario y decorados; tan comedida como lo es la magnífica interpretación de Colin Firth, y tan sutil que no necesita recurso melodramático alguno para trasladar al espectador todo su dolor y desesperación, la tentación del suicidio y la posibilidad de una esperanza basada en la belleza de las pequeñas cosas, la bondad de algunas personas y el deseo de vivir intensamente cada instante del día.
En el centro de todo emerge el personaje de George Falconer, un homosexual obligado a guardar las apariencias con tanta frialdad aparente como fuego en su interior. Un hombre que se debate entre la soledad y la posibilidad de nuevos amores, entre la crisis personal de los 50 y la sombra de la muerte, entre las vivencias del pasado y un futuro por conquistar.
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