El veterano director italiano Marco Bellocchio (71 años… ¡cómo pasa el tiempo!), autor de emblemáticas películas como I pugni in tasca, La Cina è vicina En el nombre del padre, El Diablo en el cuerpo o Buenos días, noche, nos sumerge en Vincere en un pasaje bastante desconocido de Benito Mussolini: la vida secreta que mantuvo con Ida Dalser, su primera esposa y madre su primer hijo, antes de casarse con Rachele Guido en 1910, y a la que hizo desaparecer de la circulación, internándola en un psiquiátrico (lo mismo hizo con su hijo), cuando su ascenso político aconsejaba ocultar un escándalo de estas características que podría haber acabado con su ambiciosa carrera.
Bellocchio nos muestra los primeros pasos políticos de Mussolini, en los años siguientes a su ingreso en el Partido Socialista, a los 17 años, hasta hacerse con la dirección de su órgano oficial, Avanti! Formaba parte del ala más radical del partido y hacía gala de un anticlericalismo total, enfrentado a la Iglesia de Roma, y antimonárquico. A raíz del inicio de la 1ª Guerra Mundial, se enfrenta al ala mayoritaria de su partido, neutralista en el conflicto, y es expulsado en 1914. Pero no se arredra y funda un nuevo periódico, Il Popolo d´Italia, que poco después se convertirá en el órgano oficial del Partido Nacional Fascista. Pero este telón de fondo es lo que menos interesa a Bellocchio, que ha huido de realizar un film historicista, plagado de anécdotas. Son meros apuntes para centrarse en la apasionante historia de una mujer, Ida Dalser (magnífica Giovanna Mezzogiorno), de clase acomodada, que se niega a renunciar a su papel de compañera del Duce y a no ver a su hijo. Le hubiese sido muy fácil, como seguramente hicieron otras mujeres, someterse al poder de Mussolini y llevar una vida placentera. Pero como Antífona, la heroína de la tragedia griega, Ida luchó por su dignidad hasta el final. Lo mismo intentó hacer su hijo adolescente. En un momento en que Mussolini iniciaba su aproximación al Vaticano, que culminó en el año 1929 con la firma de los Pactos de Letrán (el anticlericalismo del Duce se esfumó por encanto), las cartas que la mujer envió a muchas autoridades, incluido el Papa y el mismo dictador, quedaron ocultas, como sucedió con los presuntos papeles de su matrimonio y del nacimiento del hijo de ambos.
A la fuerza que tiene la historia de Bellocchio, hay que añadir su habilidad para insertar materiales documentales de archivo, todo muy bien resuelto, con una poderosa banda musical, sin que por ello la narración se resienta. Todo lo contrario, se enriquece. A partir de 1922 el actor que encarna a Mussolini (Filippo Timi) desaparece en la vida real, y a partir de ese momento la única noticia que tendremos de él será a partir de los noticieros de la época. De esta forma, además, el director “soluciona” un importante problema de producción como sería reconstruir los años en que el Duce se movió entre las masas. Incluso el director no puede evitar mantener un fragmento de uno de sus discursos, que actualmente nos puede parecer cómico, por las tonterías que dice y los grotescos gestos del rostro, pero que en su momento arrastró a grandes masas. Como impagable es la posterior imitación que hace su hijo.
Deudora en ocasiones del mejor cine de Bernardo Bertolucci, con poderosas imágenes y una buena resolución de varias escenas, a pesar de los limitados medios que se adivinan, Vincere es un ejemplo de historia no oficial, en este caso de una infamia contra una mujer, un ejemplo de cómo el fascismo puede llegar a imponerse también en la vida cotidiana.
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