(1) WALL STREET: EL DINERO NUNCA DUERME (Wall Street: Money never sleeps), de Oliver Stone
Western financiero

La carrera cinematográfica de Oliver Stone, uno de los cineastas más incómodos para el sistema norteamericano, resulta desconcertante, ya que junto a combativos trabajos construidos con oficio y complejidad, la excelente JFK, se encuentran fiascos como el presente film, secuela de una famosa producción de 1987, Wall street a secas, que ya disponía de los tejemanejes financieros como elemento dramático. Un material que, con la presente crisis financiera global, gana enteros en lo que alcance emocional y capacidad de denuncia se refiere, y así parece ser en la primera parte de la película, cuando reconstruye en la ficción algunos pasos de esa gran bancarrota -con la empresa sosias de Lehman Brothers y los bancos que primero la dejan caer y después corren a chupar ellos de la teta del estado- y proporciona algunos significativos apuntes al respecto de ese delirante mundo de las transacciones y los negocios virtuales que ya parece formar parte indispensable de nuestro orden mundial, aunque incluso entonces, algunos personajes (la joven “izquierdista” y su web de denuncia) y situaciones (el suicidio en el Metro y sus consecuencias en clave de western) ya nos ponen la mosca tras la oreja.
Una mosca que se convierte en moscardón, en abejorro peludo incluso, en la segunda parte de la película, cuando los tópicos, simplezas y convenciones se apoderan del relato, y la crisis se convierte en un simple escenario para venganzas de (spaghetti) western y reconciliaciones familiares de pacotilla, cuando no en consecuencia directa de rumores y envidias cruzadas entre una serie de poderosos personajes (sin escrúpulos) que hacen más el ganso que otra cosa (el veterano Eli Wallach y sus silbidos de pájaro). Sólo la profesionalidad de actores como Josh Brolin, peleando con un personaje concebido como simple antagonista sobre el que descargar la venganza, y Susan Sarandon, esta última disfrutando del único personaje con sentido común de la película, consiguen que la cosa se mantenga un punto por encima de ese puñetero Down Jones en caída libre que va punteando la narración.

PEDRO URIS