Enrique Morente, protagonista del decumental de Emilio Ruiz Barrachina
(2) MORENTE, de Emilio Ruiz Barrachina
Sabe a poco

Morente y Málaga, Morente y Granada, Morente y Picasso, Morente y familia... Emparejado con sus amores, así es como nos muestra Emilio Ruiz Barrachina (El discípulo, 2010) al enorme cantaor granadino, siguiéndole en diversos recitales en los que presentó al público los temas de su última obra El barbero de Picasso. La personalidad del músico aparece definida por sus contadas confesiones, las lapidarias alabanzas de sus hijos Estrella, Soleá y José Enrique, así como de su esposa, Aurora Carbonell, mientras que su arte se expresa en las actuaciones en directo y algunas canciones interpretadas ex profeso o en un estudio de grabación, de las que destaca, entre otras, la de El ángel caído, de Antonio Vega. La poderosa impresión que se extrae del conjunto es la inmediatez al personaje, pero no precisamente por la profundidad de su retrato, sino la que proviene del propio carácter de Enrique Morente.
Una de las valiosas secuencias del documental es el concierto único, en muchos sentidos, que dio en los Baños árabes de Granada acompañado por todos sus hijos, con la reveladora actuación de Soleá que canta con mucha sensibilidad Palabras para Julia (Goytisolo/ Ibáñez). Por el contrario, podemos achacar a la película de Ruiz Barrachina una falta de ambición, que lamentamos más aún al ser irrepetible una obra similar, puesto que el guión carece de coherencia en su objetivo: si se trata de seguir al artista en una gira, se deberían mostrar aspectos que quedan obliterados, mientras que tampoco podemos disfrutar el retrato más exhaustivo del gran Morente.
La realización es muy desigual y el tratamiento de las diferentes escenas no logra la cohesión necesaria que lo convertiría en un merecido homenaje póstumo (recordamos el desacierto de planteamiento de la secuencia ante el “Guernica”). En resumen, sabe a poco.

EVA PEYDRÓ