(4) CRÍTICA VÍRGEN DE AGOSTO

(4) LAURA PÉREZ: Agosto en Madrid, cuarenta grados en la ciudad. La capital se vacía de autóctonos y se llena de turistas. Sin embargo, en La Virgen de Agosto comprobamos que eso no es del todo así. Los supervivientes al calor de la meseta y al hastío estival cambian los atascos y los empujones en el metro por largos paseos por las calles en busca de aventuras que animen el cotarro. La última película de Jonás Trueba se centra esta vez en un solo personaje, en Eva. Una joven madrileña que se queda en la ciudad para intentar reconducir su vida tras lo que entendemos como un fracaso amoroso. La fauna resiliente la acompañará en este ir y venir de acontecimientos durante quince días marcados uno a uno. Museos, procesiones, verbenas y terraceo, los planes surgen sobre la marcha en el verano de Madrid para esos impávidos que no pueden o no quieren marcharse. Mientras Eva evoluciona por dentro y por fuera, medita frente al ventilador de su piso prestado y se deja llevar por lo que su (nueva) vida le va preparando. Una estupenda Itsaso Arana, quien coescribe el guión junto al director, nos invita a reflexionar junto a ella y sus nuevos amigos sobre la vida en general, y sobre la identidad, la madurez, la maternidad, el feminismo (y el verano) en particular.
El joven Trueba demuestra una vez más su personal estilo narrativo que -lo decimos siempre- evoca la mano de Rohmer, o ese cine francés -que sale de la ECAM- de realidad contada a través de pequeños detalles. Los diálogos frescos, las interpretaciones naturalistas y las situaciones cotidianas con las que cualquier millenial se puede identificar nos dejan cierto poso tras su visionado, gracias a esta fábula de verano a la que ni le falta ni le sobra nada, cuyo ritmo pausado y ausencia de música nos permite escuchar los sonidos reales del verano. Y es que agosto es un mes de ritmo lento, de silencios, de soledad; un mes que nos permite encontrarnos a nosotros mismos y descubrir qué persona queremos ser. O quizá solo sirve para desconectar y coger fuerzas para septiembre. Pero algunos de esos supervivientes del agosto, como Eva, no volverán a ser los mismos.

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