ANTES DEL AMANECER

DOLORS LÓPEZ: Necesito escribir en este lugar por el que solo yo transito, sobre la responsabilidad de cada persona en este instante de la historia que comparto. No puedo apelar al “nosotros” para esconder mi “yo”. En el ámbito público, algunas (demasiadas ya) declaraciones grandilocuentes están llenas de odio y calumnias terribles. Lo más preocupante, sin embargo, es que desbordan pasado. Sitúan a la sociedad en etapas superadas con el esfuerzo y dolor de mucha gente. Se diría que pretenden lograr una brutal involución. Desde el lenguaje y utilizando las instituciones. A través de los medios que la democracia nos otorga. También a ellos. Es un proceso similar al cancer: desde el interior del cuerpo del que forman parte, algunas células malignas comienzan a destruir el propio organismo que les dio vida. Lo hacen contagiando a otras células que lo permiten. Utilizan los sistemas vitales para difundir su ataque dañino por todo el ser vivo que les protege y alimenta.Hasta hace poco tiempo, la medicina utilizaba la cirugía, quimioterapia y radioterapia para salvar la vida de la persona en la que se había desencadenado un tumor maligno. Ahora, además de aplicar las medidas anteriores cuando es necesario, se está ensayando con resultados esperanzadores, un tratamiento de defensa del propio organismo para extirpar el mal. Apelo a este sistema. Desde la sociedad misma tenemos que reaccionar para recuperar la salud.
Nuestro sistema inmunitario reside en nosotros mismos. La acción individual en defensa de la salud democrática de nuestra sociedad cerrará el camino al odio, a la injusticia, a la desigualdad y a la mentira nauseabunda. Las instituciones habrán de ejercer, paralelamente, la función de velar por la ciudadanía que las creó para este fin. En el primer cuarto de este siglo XXI, hemos alcanzado
consensos mundiales sobre derechos mínimos. Derechos humanos que están por encima de culturas y políticas. En distintos lugares del primer mundo, del segundo mundo, de todos los mundos, aparecen células y tejidos dañinos que quieren volver a los horrores que hemos logrado superar con tanto esfuerzo. Y no hablo de valores. Hablo de derechos. Esta es la cuestión.
Los derechos se sitúan por encima de los valores. Las células cancerígenas atacan los derechos. Los derechos humanos son nuestros órganos vitales mínimos, indispensables para poder vivir en una sociedad razonablemente sana.
Cada persona está llamada a defender desde su ámbito y capacidad de acción a esa red de la que forma parte. La red que le ha permitido vivir los avances en justicia e igualdad que soñaron nuestros abuelos.  La red es un proyecto de sociedad inclusiva, justa e igualitaria en la que cada persona se pueda sentir parte activa, reconocida , protegida, y valiosa.

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