CRÍTICA DE MAL GENIO, de Michel Hazanivicius: MAOISMO

(2) VICENTE: El destino ha querido que, coincidiendo con el estreno en España de este film, la actriz y escritora Anne Wiazemsky, cuya novela –Un año ajetreado, Anagrama – ha servido a Michel Hazanavicius (The Artist) para elaborar el guión, falleciese el pasado 5 de octubre (ver “De aquí a la eternidad” de este número). Porque la película está narrada desde el punto de vista de Anne, que a los 19 años brilló con luz propia en el film de Robert Bresson Au hasard Balthazar (1966), casándose un año después con Jean-Luc Godard, a la vez que protagonizaba su film La Chinoise, en plena efervescencia maoísta del cineasta francés. Precisamente Mal genio (La Redoutable) narra las relaciones de pareja entre ambos a finales de los años sesenta, que coinciden con el estallido de Mayo del 68. La película de Hazanavicius funciona correctamente si nos la tomamos con sentido del humor. Esa parece que ha sido la intención del director, aunque siempre contenido a la hora de juzgar al director que el próximo mes de diciembre cumplirá 87 años. La mejor parte del film es la que nos muestra a un Godard súper radical (los de la CUP se quedan cortos), con las equivocadas lecturas que se hacían en la época de la Revolución Cultura que en 1967 inició Mao Tse Tung, tras abdicar una parte de la intelectualidad francesa del marxismo- leninismo por los crímenes

del estalinismo. En la práctica era sustituir una represión brutal por otra, como se fue desvelando paulatinamente. De hecho, a partir de 1976 Godard renegó de toda su época maoísta. Visto ahora, todo nos puede parecer pueril. Pero no fue así. Sin ir más lejos, esos ecos de la Revolución Cultural llegaron a España. Concretamente, en Valencia, aparecieron grupúsculos universitarios de corte maoísta, e incluso un servidor asistió a la proyección de una película en u cine-club cuyo presentador nos leyó varias citas del Libro Rojo de Mao, sin venir a cuento. En 1968, Godard entra en crisis. Además de separarse de la que había sido su musa, la actriz Anna Karina, reniega de todo el cine que había realizado hasta el momento porque creía que el sistema burgués “lo había asimilado”. Ahí es nada: Al final de la escapada, Pierrot el loco, Le Mépris, Una mujer es una mujer, Alphaville, Vivir su vida, Banda aparte, Dos o tres cosas que sé de ella… Participa activamente en las manifestaciones de Mayo del 68 y en las asambleas de estudiantes en La Sorbona. De hecho, supera “por la izquierda” a los mismísimos cabecillas de los universitarios. Partidario de frases lapidarias, hay una cita en la película que no tiene desperdicio: “Lo que más me gusta del movimiento estudiantil es el movimiento. Los estudiantes, nada”. También interviene, junto a otros cineastas, en la suspensión del Festival de Cannes de ese año. Impagables son sus comentarios sobre la mala acogida que ha tenido La Chinoise entre los funcionarios de la Embajada china en París o la frustración que siente cuando, en un control policial, un gendarme le dice que siente una gran admiración por su cine, que a su esposa le encantó Le Mépris. ¡Un policía enamorado de su cine! ¡Hasta ahí podríamos llegar! Hazanavicius nos muestra a un Godard eternamente cabreado, egocéntrico, despreciativo con los demás (se pelea con Bernardo Bertolucci, al que acusa de burgués, y con Marco Ferreri: con François Truffaut ya hacía tiempo que no se hablaba). Tras La Chinoise, entra en plena crisis creativa y funda el

grupo Dziga Vertov. Son rodajes en 16 mm., totalmente influenciados por el cine soviético. Por las mañanas se celebran asambleas del equipo para decidir que se rueda por la tarde ¡Delirante! Los peligros del biopic al uso amenazan al film por todas partes. Hazanavicus intenta evitarlos con una puesta en escena que homenajea a Godard como un gran revolucionario del lenguaje cinematográfico, que ha influenciado a muchos cineastas: rótulos que separan secuencias, intérpretes dirigiéndose a la cámara, imágenes en negativo, planos epidérmicos que nos remiten a Vivir su vida. Además de irónicas escenas como cuando la pareja protagonista, ambos desnudos, reflexionan sobre que los cuerpos solamente se pueden mostrar así cuando lo justifique el guión. Tengo que reconocer que no estamos ante una película demasiado buena, aunque un servidor se lo pasó muy bien.

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