CRÍTICA: MARGUERITE DURAS. PARÍS 1944

Mélanie Thierry

VICENTE: Si tenemos en cuenta el título original de esta producción francesa- La douleur- entenderemos mejor la propuesta de su director, Emmanuel Finkiel, a la hora de adaptar la novela homónima de la escritora Marguerite Duras, que publicó en 1985, un año después de alcanzar la fama internacional con El amante, Premio Goncourt, traducida a 40 idiomas y millones de ventas. No es un relato de recuerdos plagado de anécdotas, sino un desgarrador grito interior. En 1939, la escritora, que entonces tenía 25 años, se casó con Robert Antelme del que se separó 3 años después. Los acontecimientos se precipitaron al ocupar París los invasores nazis. Perteneciente al Partido Comunista francés, Marguerite y su marido trabajan en la resistencia. Tras una emboscada algunos miembros del grupo son detenidos y Robert Antelme es enviado al campo de concentración de Dachau, pero ella se salva, aunque está en todo momento bajo la sospecha de la Gestapo.

Contada en primera persona, estamos ante una angustiosa historia en la que Marguerite narra, en forma de diario, el conflicto moral y político por el que atraviesa a la espera del regreso de un marido al que no ama pero por el que siente una lógica compasión. La película arranca en plena fiesta de  la liberación de París, que la protagonista vive todavía encerrada en su casa. Un flash-back nos traslada al año anterior. Mientras intenta obtener noticias sobre el paradero de su marido, establece una extraña relación con un importante colaboracionista de la Gestapo. La película no cae en el anecdotismo y evita contar los hechos de una forma convencional. De ahí la ambigüedad de sus encuentros con el miembro de la Gestapo, entre el flirteo y la trampa para asesinarlo. Estamos ante un relato cerrado, oscuro, casi de terror (el sonido del timbre en la puerta, las miradas a la calle a través de los visillos), con interesantes hallazgos como el desdoblamiento del personaje en un mismo plano. La soledad, los silencios, la angustia de la espera (el regreso con cuentagotas de los prisioneros), invaden la historia en la que juega un papel esencial el gran trabajo interpretativo de Mélanie Thierry, omnipresente durante toda la narración, con su mirada triste, melancólica, rota.

Por ponerle algún defecto al film, pienso que su metraje se podría haber reducido algo, además del abuso excesivo de la voz en off. Emmanuel Finkiel, director y guionista de la película, que trabajó a las órdenes de Tavernier, Kieslowski o Godard, ha declarado que su padre vivió una situación similar a la de Marguerite Duras, pero con la diferencia de que sus padres y su hermano nunca regresarían de Auschwitz. De ahí su implicación en el film, una historia que oscila entre la culpa, la mala conciencia y el intento de realizar un exorcismo sobre unos hechos acontecidos 40  años antes de que escribiese la novela La douleur.

 

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