CRÍTICA – UNA MUJER FANTÁSTICA

Ariadna González

UNA MUJER FANTÁSTICA, de Sebastián Lelio

Thriller emocional

La actriz Daniela Vega interpreta a Marina: alguien a quien la mayor parte de los personajes de este thriller emocional no son capaces de reconocer como mujer. Y lo que es aún más doloroso, no son capaces de reconocerla como una persona con sentimientos y con derecho a expresarlos. Que un padre de familia deje atrás sus compromisos conservadores para tener una relación de pareja con un transexual muchos años más joven, es una opción indigesta para gran parte de la sociedad.

Pablo Larraín está entre los productores de esta película de temática social y libre aplicación del realismo, y en algo se nota. Hace un uso de la música que no pretende untar melodramáticamente la acción si no que busca el contraste, incluido ese halo de sonidos de fantasía con el que se abre la película y que deambula intermitentemente a lo largo de la historia. La música es también parte orgánica de la protagonista: ella es cantante y su voz se desvela como un elemento de fuerza. A los códigos del realismo se suma la introducción de pedazos de espejismo, ensoñaciones y hasta un breve número musical. Estos despuntes fuera de las normas del mundo material acompañan a la protagonista de la misma manera que ella lleva dentro ese poder fantástico del amor, capaz de colorear y  vivificar los contextos más desoladores. El minimalismo interpretativo -si acaso se echa de menos unas actuaciones menos someras y menos rígidas- lleva a la creación de símbolos mediante sus personajes: la entereza, la hipocresía, o el uso de la  violencia hacia lo que no se entiende, son algunos ejemplos.

Marina caminando contra el viento, resiste, soporta sin inmutarse, no da un paso atrás. Insiste en su pulsión y en su voluntad de amar, como insiste la inmensidad del agua en crear esa  belleza poderosa lanzándose por las cataratas.

 

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