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DENIS VILLENEUVE. EL DIRECTOR QUE DEJA HUELLA

PAU VERGARA: Hay directores que dejan huella cinematográfica. Cada época tiene un referente y un buen puñado de nombres suelen ser los referentes de distintas generaciones. No cabe duda que en esa generación actual está Denis Villeneuve, un director que ha conseguido un estilo personal y un buen puñado de buenas películas. El director nacido en Quebec, poco a poco, comienza a liderar la emergente e interesante ola de cineastas del Canadá francés como Jean-Marc Vallé –que también alterna las producciones indies en su país con las grandes cintas de Hollywood. Muchos lo descubrimos en  Incendies, Enemy y Sicario.  Pero antes ya había dejado huella con Polytechnique en 2009, su primer éxito que llamó la atención de la industria cinematográfica. Su principal cualidad es la capacidad para narrar a través de las imágenes y crear potentes atmósferas visuales. Precisamente con Incendies llegó su primera nominación al Oscar de Mejor Película de Habla No Inglesa. Con Enemy y Prisoners puso una pica en Hollywood. Una de sus cualidades es haberse rodeado siempre de excelentes directores de fotografía. En Prisoners el maestro de la luz, Roger Deakins le ayudó a encontrar el estilo oscuro que la historia requería. Tiempo después volvería coincidir con él en Blade Runner 2049 todo un impresionante despliegue visual con contraluces marca de la casa Deakins. Para entonces Villeneuve había consolidades un estilo con algunas constantes. La pequeña predilección  por los personajes torturados, atormentados y, sobretodo, fascinados por encontrar respuestas a sus obsesiones más latentes, hasta revelar su auténtica naturaleza.

Blade Runner 2049 no terminó de funcionar bien en taquilla a pesar de ser una más que digna segunda parte. Torturado por los resultados pensó que ya nunca volvería a trabajar en Hollywood. El propio Villeneuve reconoce que aún se levanta sobresaltado preguntándose por qué aceptó llevar a cabo esa adaptación. Las noches de insomnio le duraron poco. Si la segunda parte de la película de Ridley Scott le parecía complicada el nuevo proyecto que tenía sobre la mesa no lo era menos.  Se trataba de un remake de Dune, la famosa saga de ciencia ficción  de Frank Herbert que ya había tenido muchas complicaciones cuando la llevó al cine en 1984 David Lynch. En realidad, Villeneuve soñana desde adolescente con esta adaptación. “No diría que tenía la adaptación en mi cabeza desde el momento en que leí la novela de Frank Herbert”, explica el cineasta, “pero es cierto que me puse en contacto con mi mejor amigo de la infancia, un gran dibujante, y entre los dos nos pusimos a imaginar algunas de sus escenas más importantes, plasmándolas en lo que ahora creo que podría considerar mis primeros storyboards de Dune. También es cierto que, de alguna manera, ya de adolescente empecé a seleccionar lo que más me atraía de ese universo, como la orden de las Bene Gesserit o el personaje de Lady Jessica, potenciándolo por encima de otros aspectos. Y eso es algo que también he hecho en las películas. Luego no puedo decir que aquel libro de ilustraciones representase algo más que la lectura que dos muchachos de doce años hicieron de aquella novela, pero quizá sí que, de alguna manera, contenía el germen de lo que estaba por llegar”. La saga cumple con las expectativas. Buena parte de su cine mágico y poético está presente (ver crítica esta semana). Sin duda, un director que está dejando una huella cinematográfica y que estamos seguros aún tiene mucho por decir.

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