DEPORTES: VIERNES, SÍ; LUNES, NO

ALFONSO GIL: Horas después de que el lector abra estas páginas se disputará el primer encuentro del campeonato de Liga, un torneo que centrará la atención de la afición hasta mayo. Este verano, como aperitivo, hemos tenido un debate que afecta a los aficionados y condiciona la situación económica de los clubes. Se trata de la pugna entre Liga y Federación sobre fechas y horarios de partidos, resuelta de momento vía judicial con un parche salomónico: lunes, no; viernes, sí. El trasfondo de la cuestión pasa por los millones de euros que hay en juego. Mientras los clubes viven de la televisión y la dispersión de horarios genera más ingresos que la concentración, la Federación opta por centrar el fútbol profesional en los dos días del fin de semana, sin que quede claro cuál es su objetivo. El de la Liga, muy pendiente de rentabilizar el producto y puede ser criticado por los que creen que es demasiado ambiciosa, es muy diáfano; el de la Federación me resulta más ambiguo y poco se me ocurre más que un deseo de meter la cuchara o al menos la cucharita en un pastel económico que se le niega. Los antiguos debates sobre el fútbol femenino y el reciente sobre el fútbol sala se suman a las obras completas de este desquicio. Al margen de la falta de química y la animadversión personal entre los máximos responsables de Liga y Federación, el
asunto, pido perdón al que me considere frívolo, es de Estado y en instancias superiores se deberá tratar para que haya negociación y, a ser posible, paz.
En paralelo avanza el juego, con los equipos a las puertas de un campeonato en el que, como siempre, Barcelona y Real Madrid parten como favoritos a la espera de lo que pueda dar de sí el tercero llamado a estar en el podio, el Atlético de Madrid, que es el que más ha variado su plantilla de los que apuntan a estar arriba. El Valencia llega del año de su centenario, coincidente con una de las temporadas más brillantes de su historia, título copero incluido. Los vientos soplaban tranquilos y la felicidad reinaba por doquier hasta que en la última semana de julio el desencuentro por cuestiones deportivas (esperemos que por eso) entre el propietario Peter Lim y el director general Mateu Alemany a punto estuvo de hacer saltar al club y al equipo en mil pedazos. Oficialmente la crisis se cerró pocos días después y todos anunciaron que la relación se había recompuesto. Falta ahora ver si aflora de nuevo el cariño o si ha habido un cierre en falso. El barco no se ha hundido, pero está tocado. El técnico difícilmente sobrevivirá esta temporada si se produce una racha adversa de resultados parecida a la del tramo inicial de la pasada, pero el equipo tiene buena pinta De fichajes, poco que decir. Una de las reglas más nocivas del fútbol español es la de permitir contrataciones hasta finales de agosto, con tres jornadas de Liga ya disputadas. La P r e m i e r L e a g u e demuestra mucha más seriedad al cerrar las entradas a su fútbol antes del comienzo del torneo. Lo que se hace aquí, adultera la competición sin que nadie haya ofrecido un argumento convincente para defender esta normativa. Habrá que esperar al 2 de septiembre para tener el equipo conformado, con el uruguayo Maxi Gómez y el portero jesper Cillessen como únicas novedades destacadas hasta el momento.

El Levante se encuentra en una dinámica diferente. Ya tiene prácticamente cerrado el grupo y, sobre todo, un objetivo que no ofrece dudas: conseguir la permanencia y hacerlo sin los agobios del campeonato anterior, en el que fue necesario un triunfo épico en Girona en la penúltima fecha para eludir el descenso. Sin hacer una mala campaña, alguna racha adversa, la falta de contundencia en ataque y un cierto desequilibrio entre las decisiones favorables y desfavorables del VAR llevaron al equipo a una situación casi dramática que el aficionado no quiere volver a sufrir. Todo hace pensar que la plantilla es mejor que la del último ejercicio, aunque, como en todos los casos, será el balón el que imponga su ley.
Del resto, el Villarreal vivió una situación parecida a la del Levante, aunque le resolvió antes y ahora no solo quiere olvidarla sino que aspira a clasificarse para jugar en Europa. Apunten, por otra parte a Sevilla, Athletic de Bilbao, Betis, Espanyol o Real Sociedad en el habitual grupo de perseguidores y preparen una serie de éxito, una partida de parchís en familia o una buena película para las invernales noches de los lunes. De momento.

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