EDITORIAL: CITA DECISIVA CON LAS URNAS

TURIA: El 28 de abril los ciudadanos estamos convocados a las urnas. La presión del bloque de la derecha, virada cada día que pasa a posiciones más ultras, y la asfixia parlamentaria escenificada en el rechazo de los partidos independentistas a los presupuestos que había pactado con Unidos Podemos, han empujado a Pedro Sánchez a adelantar las elecciones. La apuesta es arriesgada, con el juicio del procésde telón de fondo. Convocando las generales antes de las municipales y autonómicos de mayo, el presidente confía en cerrar filas dentro de PSOE. Los barones territoriales que en las últimas semanas se habían mostrado críticos con Sánchez y que temían sufrir en mayo el desgaste de la crisis política general, ahora tendrán que echar toda la carne en el asador para lograr unos buenos resultados en abril sobre los que proyectar sus propias expectativas. Además los socialistas confían en poder atraer el voto centrista espantado ante la deriva ultra del trifachitoy recuperar electorado de izquierdas que se había inclinado por un Podemos ahora inmerso en una grave crisis interna. Paradójicamente, la posibilidad de que el retroceso de Unidos Podemos culmine en debacle podría amenazar su futura estabilidad parlamentaria y con ello sus posibilidades de continuar en la Moncloa. Por ello algunos miembros en el partido no descartan una aproximación a Cs, una opción aritméticamente viable según las encuestas, pero muy remota y complicada dada la beligerancia del partido naranja en su batalla particular dentro el campo de la derecha. El panorama, pues, es complejo y más con el clima de crispación que los partidos y los medios conservadores están promoviendo, recurriendo incluso sin el menor escrúpulo al bulo y la falsedad. Por eso, más allá de estas cuestiones de tacticismo electoral, el gran reto de los ciudadanos el 28 A es revertir el asfixiante clima político actual en una apuesta de futuro que permita afrontar los grandes problemas de esta sociedad: la desigualdad y la precariedad, ya inadmisibles y que podían agravarse con la nueva crisis económica que se augura; las reivindicaciones del movimiento feminista; la construcción de una Europa cada vez más cuestionada; la normalización de nuestra memoria histórica; los grandes cambios sociales promovidos por las nuevas tecnologías; el fenómeno de las migraciones o la vertebración territorial del estado, entre otros. Frente a estos grandes retos, la derecha responde con propuestas simplistas como el nacionalismo españolista, el giro social ultraconservador, demagógicas recetas neoliberales como la bajada de impuestos, o la mano dura sin alternativas para la cuestión catalana. Sin embargo, es imprescindible que la sociedad asuma colectivamente que no hay recetas fáciles para unos problemas complejos que precisan de menos hiperventilación y de más diálogo y consenso para su resolución. Conseguir que cale en la calle este mensaje debería ser la prioridad de las fuerzas progresistas y democráticas. De lo contrario estaremos abriendo la puerta a la caverna. Y las consecuencias podrían ser terribles.

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