EDITORIAL: LAS MISERIAS DE CIUDADANOS

TURIA: Vivimos tiempos políticos complicados, donde el cortoplacismo y las palabras gruesas parecen haber tomado el relevo de la reflexión justo cuando más falta. Los improperios y los virajes bruscos del digo diego donde dije digo se imponen en la clase política con una normalidad tan temeraria como irresponsable en la mayoría de los casos. Uno de los últimos ejemplos nos lo ha proporcionado estos días Ciudadanos, una formación que ha asentado el crecimiento experimentado en los últimos tiempos a base de ganarse a pulso el calificativo de partido veleta. Su decisión de descolgarse en el último momento en la votación para renovar el Estatuto de Autonomía de la Comunitat Valenciana es una buena muestra de ello. Tras más de siete años de espera esta semana entraba en la comisión Constitucional del Congreso de Diputados la proposición que instaba a incorporar en el Estatuto de Autonomía la obligación de tener en cuenta el peso real de la población valenciana en la inversión de los Presupuestos Generales del Estado en la Comunitat. En una autonomía lastrada por un grave déficit de financiación, el tema no era baladí. Y así parecían entenderlo todos los grupos con el consenso que había alcanzado para que la medida saliera adelante. Incluso el partido naranja parecía ir en esa línea tras las modificaciones que propuso y que fueron incluidas en la proposición. Sin embargo, el mismo día de la votación los parlamentarios de Albert Rivera se descolgaron del acuerdo y se abstuvieron, siendo los únicos en todo el arco parlamentario que no apoyaron la medida. Esta decisión dejó totalmente descolocados a los diputados autonómicos de Cs que se enteraron pocas horas antes de la votación del cambio de postura impuesto por la dirección de Madrid. Eso sí, el desconcierto duró poco y tanto Toni Cantó, que ni siquiera participó en el debate, como los parlamentarios valencianos cerraron fila enseguida con las directrices de Rivera. El argumento de que la iniciativa es un “brindis al sol” resulta difícil de entender cuando solo unos días antes el partido naranja hacía aportaciones a la propuesta. Además Cs ha respaldado en Les Corts diferentes declaraciones respaldando la necesidad de esta modificación del Estatut. Aunque más grotesca fueron las críticas lanzadas por el partido naranja al resto de grupos a los que acusó de alinearse con el separatismo catalán con esta votación. Un reproche que dejó perpleja a la dirigente del PP valenciano Isabel Bonig que veía como su formación se veía de este modo incluída entre los cómplices del independentismo. Detrás de todo se esconde un seguidismo indisimulado a las consignas que llegan de Madrid y un afán desmesurado por el protagonismo aunque sea frustrando los acuerdos. A los de Rivera solo les preocupa salir en su propia foto. Lo malo es que con esas actitudes también quedan claramente retratados: como deplorables veletas.

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