EDITORIAL: RTVE NO PUEDE ESPERAR

TURIA: Conseguir que RTVE deje de ser un aparato de manipulación política para convertirse
en un medio de comunicación público, independiente, plural y de calidad es
uno de los retos inmediatos que deben acometer los partidos, los profesionales y la
ciudadanía. La reforma del ente público promovida por José Luis Rodríguez
Zapatero fue un importante paso en ese sentido. El prestigio que ganó RTVE, los
niveles de profesionalidad y el reconocimiento que todo ello tuvo por parte de una
sociedad española que por vez primera la sintió como un auténtico servicio público
en lugar de una simple herramienta de propaganda del partido de turno en el gobierno,
demostró que el cambio era posible. También su fragilidad. La contrarreforma
promovida por el PP, que hundió al ente en los más bajos niveles de rigor y en ejemplo
internacional de abuso, así lo demuestra.
Las valientes denuncias de los consejos de informativos, la movilización de los
trabajadores en defensa del servicio público y el hartazgo ciudadano ante la vil
extorsión comunicativa a la que eran sometidos por el gobierno de Rajoy, hicieron
posible que en noviembre de 2017 la oposición parlamentaria impusiera un cambio,
al que no tuvo más remedio que sumarse el PP, que incluía entre otras medidas la
elección de los órganos de dirección del ente a través de un concurso público supervisado
por expertos. Una reforma que, sin embargo, fue bloqueada en su desarrollo
por un PP que, escudándose en cuestiones formales, buscaba perpetuar su control
sobre RTVE. Ese bloqueo se tambaleó con la moción de censura que llevó a la
Moncloa a Pedro Sánchez. La debilidad parlamentaria ha conducido al nuevo
gobierno a impulsar los cambios en la radiotelevisión pública a través de una apuesta
difícil: un decreto ley para renovar de forma transitoria la presidencia y el consejo
de administración mientras se desarrolla el procedimiento para su elección por
concurso público. Sin embargo, la controversia que se ha vivido en los últimos días
ha puesto de manifiesto las muchas resistencias que todavía debe afrontar el proyecto.
La forma en que PSOE y Podemos han estado negociando los cambios de
esta dirección, las filtraciones interesadas de nombres, las reacciones del resto de
grupos, la posición numantina del PP y los malabarismos de Ciudadanos, evidencian
que entre la clase política sigue pesando más el reparto de cuotas que una profunda
renovación del proyecto de RTVE. Al cierre de esta edición todavía no se
conocía el acuerdo final alcanzado entre los partidos para designar esta interina
nueva dirección. Sea el que sea el resultado, sin duda tendrá una mayor pluralidad
que el vigente. Pero esta virtud, consecuencia de la aritmética parlamentaria, no es
suficiente. Es imprescindible que los actores políticos interioricen un cambio en la
cultura que destierre definitivamente el cortoplacismo partidista de la radiotelevisión
pública.

Escrito por
More from Redacción

SOMBRAS SOBRE LA LUZ MEDITERRÁNEA

TAREK ACHIS, JR.: Leo cada día casi toda la prensa en papel...
Leer Más

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *