EL FILM EGIPCIO “EL INCIDENTE” SE LLEVA LA ESPIGA DE ORO

Foto: Luis Gracia Reglero

LAURA PÉREZ: Nunca llueve a gusto de todos, y este año (que no ha llovido) el palmarés de la 62ª edición de la Semana de Cine de Valladolid ha sido aprobado con mala nota por muchos de los asistentes al festival, entre prensa y acreditados varios; pero ocurre a menudo. En esta ocasión, The Nile Hilton Incident, película dirigida por Tarik Saleh, se alzó con la Espiga de Oro a la mejor película de la Sección Oficial. No solo eso, sino que el realizador también se llevó sus correspondientes galardones, tanto por su labor en la dirección como por su autoría en el guion de su tercer largometraje. Triplete para la película egipcia de género policiaco que arranca su historia a partir del misterioso asesinato de una cantante en un hotel. La propuesta de Chloé Zhao titulada The Rider, ganó el segundo premio del festival así como el premio Pilar Miró al Mejor Nuevo Director. La Espiga de Plata se la lleva un film que narra la historia real de un cowboy que sufre una lesión y debe reinventarse como jinete. Este film se llevó también el premio al mejor actor para Brandy Jandreau. Entre otro premios, destacamos la Mención Especial del Jurado para The Human Flow, de Ai Weiwei, sobre el drama de los refugiados; mejor actriz ex aequo para Laetitia Dosch por Jeune Femme y Agnieszka Mandat-Grabka por la cinta polaca Pokot (El rastro); y el premio del público, muy acertado a mi parecer, fue para la película libanesa L’insulte /El insulto, de Ziad Doueiri y nominada al Oscar a mejor film extranjero. El mejor cortometraje de Sección Oficial fue para Negah/La Mirada, de la directora iraní Franoosh Samadi.

Ganador Espiga de Oro mejor película. Foto: Luis Gracía Reglero
Ganadora al mejor cortometraje de SO. Foto: Luis Gracia Reglero

En esta ocasión pude alcanzar a los últimos coletazos del certamen vallisoletano en sus últimas jornadas. Con buenas impresiones como de costumbre, en esta veterana edición destacaría la presencia indudable de un gran número de películas que hablan casi exclusivamente de los conflictos. Esta vez  prácticamente) nada de conflictos internos de los personajes, sino todo lo contrario, los conflictos externos, entre seres humanos de distinto país, raza, religión o cualquier cualidad que nos hace diferentes. Casualidad o no, esta temática viene muy al hilo de la actualidad de nuestro país, si bien nos demuestra que esto ocurre en todos lados.

Los conflictos, las discusiones y en definitiva las estúpidas guerras, los vimos en films tan distintos como Bajo el árbol/Undir trénu, la islandesa dirigida por Hafsteinn Gunnar Sigurðsson. Aquí veíamos una guerra entre vecinos cuanto menos absurda, pero si lo extrapolamos a la sociedad, tenemos como ejemplos películas como L’insulte, una magnífica cinta donde asistimos a una discusión entre dos hombres a raíz de un insulto (véase, un calentón). El rango se amplía y cuando hablamos ya de grandes contiendas, como la que vemos en Foxtrot, de Samuel Maoz y nominada tambén al Óscar, o Los pájaros cantan en Kigali, de la polaca Joanna Kos-Krauze, que nos remite a los años 90 tras el terrible genocidio de Ruanda. Seguimos; más conflictos en Sweet Country, esta vez entre indígenas australianos y sus “amos” en pleno siglo XX, o incluso fuera de Sección Oficial, pude ver un interesante documental en Tiempo de Historia, dirigido por Schroeder, titulado Le vénérable W., sobre la islamofóbia incipiente entre monjes budistas, liderada por Venerable Wirathu en Birmania.

Luis Tosar y Emma Suárez. Foto: Luis Gracia Reglero
Marisa Paredes recoge su Espiga de Honor. Foto: Luis Gracia Reglero.

 

Como decía, la Seminci acostumbra a mostrarnos un amplio abanico de producciones de distintas procedencias y de gran calidad, de eso que etiquetaríamos como “cine de autor”.  Siempre encuentro algún film un poco más flojo y menos destacable, como es el caso de Sage Femme/Dos mujeres, que lo vimos en la clausura, o Gabriel y la montaña, donde el atractivo visual es lo más destacable del film (nos muestra parajes exóticos de varios países africanos) pero cuya historia se acerca demasiado al panfleto turístico.

El cine siempre mostrando una realidad que, nos resulte ajena o no, demuestra una vez más que la sociedad está evolucionando (parece que para peor) y que las diferencias que nos molestan no son otra cosa que fruto de la estupidez humana.

 

Imágenes: Luis Gracia Reglero

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