LA TURIA DICE QUE…. EL PURITANISMO QUE NOS INVADE

A Facebook no le gustó nuestra anterior portada de la Turia. Nos libramos de la hoguera por los pelos. La imagen no fue censurada, pero los responsables del imperio de Mark Zuckerberg rechazaron nuestra petición de incluir la portada en su servicio de promoción previo pago argumentando que la imagen mostraba “demasiada carne y un contenido sugerente”. Recientemente Facebook eliminó de su red un video didáctico porque en el mismo aparecían el cuerpo femenino desnudo y recostado: era un conocidísimo cuadro de Modigliani. La misma suerte corrió antes el cuadro El origen del mundo en el que Coubert situó en primer plano el sexo de la mujer.  La lista de sinsentidos es interminable. La red llegó a censurar imágenes de los campos de concentración nazis porque en ellas aparecían personas desnudas. Lo mismo llevó a censurar inicialmente la fotografía de la “niña del napalm”, icono de la brutalidad de la guerra de Vietnam. Pero la ola de puritanismo no se limita solo a las redes sociales. Su efecto se expande por toda la sociedad. Esta semana era noticia la petición realizada por miles de personas al museo de Nueva York para que retirara de sus salas un lienzo de Balthus donde aparece una niña sentada en una postura supuestamente indecorosa.

Lo perverso de este tipo de censuras es que suelen justificarse con planteamientos pretendidamente progresistas: evitar la cosificación del cuerpo femenino, combatir la pornografía infantil, evitar los mensajes racistas y de odio. Este último argumento ha llevado a numerosas escuelas de Estados Unidos a suprimir la lectura de Matar a un ruiseñor. Aunque la novela de Harper Lee es todo un alegato antirracista, los responsables escolares justifican su decisión por el hecho de que el texto contiene expresiones ofensivas como “negro”. El mismo razonamiento llevó a retirar de algunas escuelas El guardián del centeno de Salinger. Incluso una madre inglesa ha solicitado suprimir de las lecturas La bella durmiente por considerar que incluía un “mensaje sexual inapropiado”: el príncipe besa a la bella sin su consentimiento. Hace tiempo que lo políticamente correcto tendente a eliminar del discurso cualquier elemento potencialmente ofensivo, parece atenazar a nuestra sociedad. En lugar de afrontar los conflictos y contradicciones sociales se opta por eliminarlos del discurso. El respeto es sin duda un valor necesario para una democracia. Pero una sociedad madura también debería potenciar la capacidad crítica de los ciudadanos para contextualizar los mensajes, asumir la provocación como parte de la creatividad artística, o el erotismo como un elemento inherente a la realidad. Recientemente, periodistas del diario The Guardian analizaban los protocolos de vigilancia de Facebook, justificados con argumentos bienintencionados. Las conclusiones eran alarmantes: podemos estar ante la operación de censura global más opaca y extensa de la historia.

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