FAM DE FEM – AMBICIOSA SERIE VENEZOLANA

CASTO ESCÓPICO: Las encantadoras pero severas monjitas de la residencia mixta concertada “Nuestra Señora del Carcamal” (donde posiblemente exhale mi último ronquido), me han dado un par de merecidísimas collejas por haber caído de nuevo en la tentación de escribir artículos execrables, como “La erección de Donald Trump” sobre las parodias X del volcánico y abrasivo presidente norteamericano, que aún puede leerse en la web de Cartelera Turia. Me han reñido porque mis escritos no sólo atentan contra la moral cristiana y las buenas costumbres, sino también porque Don Donald Tenorio es un infiel, un demonio lascivo y un impío predicador protestante twitterano.

Mis monjitas no pueden tener más razón en su enfado. Admito mi culpa. Como sincero acto de contrición y pública enmienda, me he comprometido en cuerpo y alma en la desinteresada labor evangelizadora de difundir el mensaje de Prueba de Fe, una ambiciosa serie dramática de quince capítulos “unitarios” (independientes argumentalmente), producida por la cadena privada venezolana Televen con la participación de varias televisiones latinoamericanas de habla hispana, cuyo tema central son los milagros que se producen actualmente en la vida real. ¡Recórcholis! ¿Milagros en la vida real y en pleno siglo XXI? ¡Claro que sí! ¡Sin duda alguna! Porque Prueba de Fe recrea y actualiza milagros de nuestras santas y nuestros santos que sirvieron para su canonización, después de haber sido confirmados al 100 % por la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano. Porque Prueba de Fe también  nos enseña en cada unos de sus episodios que el Santoral Católico es mucho más poderoso que la gringa y luterana Liga de la Justicia.  Porque Prueba de Fe nos recuerda, finalmente, que incluso en la era de Internet y de los teléfonos celulares los santos con sus superpoderes y sus pócimas mágicas siguen siendo capaces de curar, resucitar y dar primeros auxilios las 24 horas del día.

En su primera temporada, Prueba de Fe cuenta además con una colosal plantilla de estrellas galácticas del milagro, santos del Devocionario que aún venden miles de estampitas a diario y conservan millones de  followers en toda la América Hispana. Junto a viejos conocidos de la Antigüedad como San Judas Tadeo, San Dimas, San Valentín, San Agustín y Santa Cecilia, nos encontramos con los medievales San Francisco de Asís y San Antonio de Padua, la renacentista Santa Rita de Casia y un trío más moderno, integrado por la germana Santa Mariana Cope y los italianos Don Bosco y  Padre Pío. No podían faltar los dos grandes santos limeños, el humilde afrosudamericano San Martín de Porres y la criolla Santa Rosa de Lima, ni esa radiante pareja formada por el siempre atractivo y vigoroso Juan Pablo II y la chaparrita Madre Teresa de Calcuta. Con su éxito en Latinoamérica, los productores de  Prueba de Fe deberían plantearse ascender en la escala piramidal del Santoral  para recrear los más increíbles  milagros del todopoderoso e intratable tridente celestial (Padre, Hijo y Espíritu Santo) o de la venerada Virgen María en su rica variedad de colores, tamaños, modelos y marcas (Visitación, Encarnación, Concepción, Asunción, Purificación, etcétera).

En Prueba de Fe comprobamos que tan sólo hay que encender unas velitas e implorar al Cielo solicitando atención inmediata en cualquier situación desesperada, ya sea accidente laboral o circulatorio, enfermedad grave o fallecimiento con certificado de defunción. No importa la edad, el sexo, la raza, la nacionalidad, la profesión o la condición social. Prueba de Fe también insiste en  que la Iglesia Católica  ha sido pionera en la asistencia santoral universal, puesto que cualquiera puede ser beneficiario de un milagro, desde una pandillera chabolista y un rudo obrero de la construcción hasta una niña violinista y una sofisticada diseñadora de moda. Todos ellos sufren y  rezan en esta serie impregnada del intenso e inconfundible aroma de incienso, sotana y sacristía del buen culebrón venezolano. Aunque la hermana y piadosa Venezuela sea su país originario, Prueba de Fe también se rueda en otras ciudades del continente americano como Miami, Ciudad de Panamá, Caracas  y Ciudad de México, con desgarradoras historias  ambientadas en los suburbios y las lujosas mansiones de las grandes metrópolis, los brumosos pueblecitos andinos, las calurosas playas caribeñas  o las remotas aldeas selváticas. Y es que los santos milagrosos no temen ni al frío ni al calor, ni a las ratas, ni a los mosquitos ni a los chigüiros.

En el elenco internacional de Prueba de Fe figuran conocidísimas reinas de la telenovela hispana, como las primeras actrices venezolanas Carla Baratta, Norkys Batista y Michelle Taurel, las panameñas Jessica La Forgia y  Julianne Canto, las peruanas  Karen Schwarz y Vanessa Saba o la colombiana Marcela Bejarano. Todas ellas serán muy pronto auténticas celebrities en la Madre Patria, porque las distribuidoras españolas Tema y Karma Films ya han editado en  DVD algunos  títulos de la primera temporada. Entre los galanes no podían faltar actores musculosos y bien parecidos, como los venezolanos Eduardo Orozco y Jonathan Montenegro, ídolos de millones de enfervorizadas mujeres latinas, que posiblemente también lo sean ya de los venerables miembros de la Conferencia Episcopal Española, tan atentos a la ficción religiosa actual y tan afectos a la deleitosa y reflexiva contemplación de las virtudes y los más nobles atributos del hombre.

Sin duda, Prueba de Fe inaugura una nueva era del audiovisual católico, con sus rodajes en alta resolución 4k y sus sorprendentes guiones; una serie donde el poder del crucifijo se impone al desfibrilador, donde el confesionario resulta más efectivo que el quirófano y donde el insensible cuerpo médico se rinde ante el alma sencilla y el poderío sanador de los santos. Por eso, Prueba de Fe es ya la serie favorita de las monjitas de mi residencia, pero dejo ya de cantar sus alabanzas, porque Sor Patrocinio me está llamando a gritos desde el comedor comunitario para que vuelva a poner el DVD del capítulo dedicado a la Madre Teresa de Calcuta… Es que nuestra madre superiora es también anciana… y no se aclara nunca con el aparato reproductor… ¡Perdón! Con el aparato reproductor  de  vídeo, quería decir. ¡Amén y a merendar!

 

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