GASTRONOMÍA: LA COLINA DE LOS PINOS

ANDREA GABRIELLI: Son días de calor asfixiante en toda la costa del Mediterráneo y resulta muy complicado encontrar lugares donde poder respirar o disfrutar de un poco de brisa. Está claro que una de las soluciones es quedarse en remojo permanente, pero playas y piscinas están abarrotadas de gente y resulta todo un poco agobiante. La única solución es escapar de la “civilización” y buscar algún bonito rincón entre las montañas y laderas de la región (hay muchos) donde las temperaturas y, sobre todo, la humedad sean más soportables. Lugares celestiales como El Pou Clar de Ontinyent, con sus aguas frescas y cristalinas y las cascadas generadas por el río Clariano con sus paisajes de extraordinaria belleza. O la preciosa villa termal de Montanejos, con sus famosas fuentes de los homónimos baños, situada en la provincia de Castellón en la comarca del Alto Mijares a unos 400 metros de altitud; su agua transparente refleja el azul del cielo y la piedra caliza de las rocas generando unas gamas de colores increíbles. Otra buena alternativa es la Albufera de Anna, (muy cerquita de Enguera, donde podéis degustar los vinos de la bodega del pueblo), una verdadera piscina natural con muchos chiringuitos, restaurantes y barcos para dar un paseo en un paraje privilegiado. Pero no todo el mundo puede, o quiere, alejarse demasiado de su casa de la ciudad, sobre todo cuando después de un día de trabajo solo queremos relajarnos y tal vez salir a cenar a un lugar más fresco y agradable sin tener que recurrir al aire acondicionado para no sudar. Alrededor de Valencia hay unas cuantas colinas (ya hablé de Godella hace unos meses) que ofrecen esta posibilidad.Un sitio que siempre me ha gustado desde que vivo aquí, es La Cañada, una urbanización a pocos minutos de la capital perteneciente al municipio de Paterna, nacida a finales del siglo XIX conjuntamente con la creación del ferrocarril València-Lliria. Esta colina cubierta de pinos y matorral mediterráneo, representa un oasis de tranquilidad entre la naturaleza y allí encontrareis varios sitios interesantes donde proporcionar felicidad a vuestras papilas gustativas. El Restaurante La Via(Carrer 502, 2) ofrece de día gustosos arroces y fideuás (con magret de pato muy bueno) y por la noche se orienta más hacia las carnes y pescados a la parrilla. Tiene una terraza muy acogedora donde podréis disfrutar algo más frescos de vuestra velada. Otro establecimiento recomendable es Vaixell(Calle 30, 34) y en su precioso espacio abierto entre árboles y flores tendréis la oportunidad de degustar sus platos elaborados con una excelente materia prima. Una cocina, la de Tomás Montán, multicultural, sencilla, gustosa y que nunca defrauda. Un lugar con mucho encanto. Todo un clásico es Senia (Carrer 29, 94), el restaurante de Álvaro Sáez, con un estupendo menú de 16 euros. Cocina local bien elaborada y presentada en un ambiente elegante con un toque minimalista. Sus arroces como el de sepia, alcachofas y ajitos tiernos, una verdadera delicia. Dispone además de una excelente bodega. Calidad asegurada. Un restaurante con un ambiente alegre y donde comer de manera saludable (vegetariano y vegano), es Natura(Plaza Puerta del Sol, 29). Buena música, también en directo. Su dueña, Esther, os atenderá con mucha simpatía y podréis optar por una paella apta para veganos además de sus cervezas artesanales. Sin duda un sitio original que merece la pena una visita. Cambiando de tercio…una buena parrilla la encontráis en La Vereda(Carrer 29, 32), local pequeño y acogedor con buenos platos y precios correctos. Hablando de italianos (que no faltan nunca en ningún rincón del mundo), me quedo con el recién estrenado Óliver Bistró(Carrer 29, 97) donde Stefano y Andrea con su trato siempre muy familiar, agradable y atento te hacen sentir como en casa. Sus pizzas están elaboradas con las mejores harinas y su larga fermentación garantiza su fácil digeribilidad: impresionante la pizza con mortadela original de Boloña con pistachos. Entrantes frescos y apetitosos, hamburguesas de categoría, vinos excelentes y su original y refrescante coctel Specialino (tipo Spritz pero con Amaro Montenegro). Hay muchos y estupendos lugares más donde ir, pero mi espacio se acaba aquí. Así que, ya sabéis, coged el coche, programad el navegador y dirigíos hacia la Cañada. Además, ¡nunca hay problemas de aparcamiento!

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