LA MOSTRA DE VALÈNCIA 2019 – Debate cineastas egipcias: “Tenemos necesidad de hacer cine para cambiar la sociedad”

LAURA PÉREZ: Hoy ha tenido lugar en la Universitat de València un debate organizado por  el departamento de Teoría de los Lenguajes y Ciencias de la Comunicación, en el marco del proyecto «Interculturalitat, biopolítica i tecnologia de gènere»

Participaron las directoras Hala Khalil y Kamla Abu Zekry que ofrecieron a los asistentes una interesante radiografía de sus experiencias como cineastas egipcias.

La Mostra de València organiza en su 34ª edición un ciclo titulado “La revolución de la mujer en el cine egipcio”. A través de estas películas dirigidas por cineastas egipcias, conoceremos de cerca el lado más personal de la mujer en el mundo árabe, los problemas que acarrean a la sociedad el fanatismo religioso, las desigualdades sociales o el desencanto que ha supuesto para algunos los años posteriores a la revolución de la Primavera Árabe.

El debate que ha tenido lugar esta mañana ha contado con la presencia de dos directoras de cine egipcias que presentas dos de sus películas en La Mostra de València.  Por un lado, hemos conocido a Hala Khalil, guionista, directora y crítica de cine, que presenta en el ciclo de La Mostra, Cut and Paste/Kas Wa Last y Nawara. Ésta última, que significa flor en árabe, es una cinta dramática que aborda un tema cercano a ella misma y que tuvo lugar en 2011, en plena revolución egipcia. Por otro lado,  Kamla Abu Zekry es directora de cine y televisión que ha participado con sus películas en numerosos festivales internacionales entre los que se encuentra en Festival de Cannes. Por su parte, Kamla Abu Zekry presenta en La Mostra dos películas, One-Zero/Washed-Serf y A Day for Women/Yom Lel-Sittat, de 2009 y 2016 respectivamente.

CINE PARA LA REVOLUCIÓN

Ambas contaron a la audiencia presente (un gran aula de la Universitat llena de alumnos y alumnas) sus experiencias en el mundo del cine, lo que han querido siempre transmitir con sus películas y las dificultades que se les han planteado para hacer cine en Egipto, su país de origen. En el caso de Hala Khalil –quien lleva desde los dieciséis años dedicándose al cine, comenzando por la ayudantía de dirección y la realización de cortometrajes-, asegura que en su cine siempre ha querido hablar de tres temas principales, justicia, dignidad y trabajo, lo cual se refleja muy bien en su última película. El guion de Nawara nació en 2013, pero no fue hasta 2016 cuando se empezó a rodar, pues encontró numerosas dificultades para que una productora se atreviera a contar un tema tan controvertido como el que envuelve a la revolución del pueblo árabe. Por eso mismo, ella se creó su propia productora y solo produce cine independiente. Todas sus películas han cosechado éxitos y nominaciones en festivales de cine a nivel internacional, pero ahora con la censura imperante en Egipto, no se pueden proyectar en su propio país.

Kamla Abu Zekry –graduada en cine, quien comenzó en el audiovisual como asistente de dirección-  rodó One-Zero antes de la revolución en Egipto, pero fue estrenada en 2016. Tanto ésta como A Day for Women tienen un componente de incitación a su población para hacer la revolución. Antes de escribir el guion de One-Zero, Abu Zekry observaba a su alrededor y se daba cuenta de la revolución que suponía el fútbol en su sociedad. Cuando la Selección de Egipto ganaba algún partido, se movilizaba todo el país, incluso las mujeres salían a la calle con más seguridad y los constantes acosos de la vida cotidiana se tornaban en alegría y jolgorio; ese deporte unía a toda una sociedad. Eso fue la chispa de la película, que transcurre en un solo día, durante un partido de fútbol, donde vemos a diversos personajes de distinta clase social y se refleja muy claramente la opresión estructural que se vive en el país; el fútbol fue la excusa para expresar esa tensión colectiva que se vive allí día tras día.

A Day for Women plantea una historia totalmente distinta. El argumento parte de la realidad de Egipto en los barrios más populares, donde la mayoría de las mujeres viven condicionadas y oprimidas, y casi todas llevan velo. Kamla Abu Zekry  se imaginó qué pasaría si un buen día hicieran una piscina municipal en uno de eso barrios y hubiera un día en el que solo pudieran ir las mujeres. El relato de A Day for Women se basa en una hipótesis, en qué pasaría si esas mujeres fueran libres de bañarse, se despojaran de todas sus capas de ropa y sintieran en su piel la libertad que transmite el agua. La cineasta se imaginó cual sería el impacto social que supondría que eso ocurriese, pero sobre todo, cómo ese hecho cambiaría a las mujeres, cómo se conocerían a sí mismas.

HACER CINE EN EGIPTO, UNA CARRERA DE FONDO

Las directoras también hablaron de su experiencia en el mundo del cine, especialmente lo que suponer hacer cine en su país. Halal hablo de la necesidad de hacer cine para cambiar la sociedad, en pro de la lucha por conquistar espacios de libertad. “Personalmente me interesa mucho escribir guiones que reflejan experiencias personales. Siempre he rechazado el sistema egipcio y me considero una rebelde.” (…) “Estoy en contra de la educación que reciben las mujeres en mi país, de las imposiciones religiosas y del peso que tiene la religión en nuestra sociedad, lo cual dirige el comportamiento de las personas”.

A la pregunta acerca del papel de la mujer en el cine egipcio, Kamla Abu Zekry aseguró que el de su país es pionero en esto, pues empezó a haber mujeres cineastas casi a la vez que en el mundo occidental. “Egipto es el único país árabe con una potente industria cinematográfica, y con grandes estudios.” (…) “Ha habido un contexto socio-político idóneo a finales del siglo XIX para propiciar eso, y el feminismo también es pionero en nuestro país, está muy extendido”.

EL CINE EGIPCIO EN LAS ÚLTIMAS DECADAS

Ambas comentaron la evolución del cine egipcio en las últimas décadas. En los años 70 hubo un gran retroceso en el cine, pues comenzó la corriente comercial y eso afectó sobre todo a la imagen de la mujer en la pantalla, y por consiguiente, en su papel tras la cámara. Esas nuevas películas daban una imagen errónea de la mujer en la sociedad. Afortunadamente, en los 80 empezó a emerger un cine hecho por mujeres que criticaba y dejaba a un lado ese cine comercial. Las mujeres cineastas llegaron para romper estereotipos y se alejaron del cine industrial que se había impuesto en la industria. En los 90 ocurrió otro cambio relevante, la llegada de la digitalización. Eso permitió a muchos jóvenes –mujeres y hombres- a hacer cine más barato y abrió la posibilidad a más mujeres a rodar con menos medios económicos. Nació así la conocida como “nueva generación de jóvenes productores”; jóvenes con talento que hacían un cine de autor diferente del comercial  y que cambio por completo el panorama cinematográfico del país.

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