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LA NUEVA APUESTA GASTRONÓMICA DE VALENCIA

ANDREA GABRIELLI: Nunca he seguido las modas, al contrario, las he evitado desde que era un chaval, porqué las he visto siempre como algo relacionado con la manipulación comercial y la anulación de la personalidad. A nivel gastronómico hemos asistido al auge y ocaso de muchas modas, algunas diría incluso meteóricas (parece que las esferificaciones en cada plato del menú son ya parte del pasado, por suerte) y al final de la historia lo que queda siempre es la sustancia, la cocina con alma y el producto de calidad. Esto no muere nunca, no cabe la menor duda. Por esta razón estaba convencido que los experimentos fallidos de emular proyectos de mercados gourmet al estilo del magnífico espacio madrileño del Mercado de San Miguel habían terminado su ciclo valenciano. San Valero, Merkato, Mercabañal, San Pau o incluso, en ciertos sentidos, el mismo mercado de Colón, entre otros y de los que ya hablé en el pasado, o han terminado cerrando o no han conseguido despegar como todo el mundo esperaba.

¿Pero por qué? ¿Por qué funcionan en otros contextos y aquí le cuesta mucho más? La verdad es que no se bien la razón ya que puede haber múltiples explicaciones; hay sitios muy bien hechos y atractivos y que especialmente en el verano y sobre todo cuando tienen espacios al aire libre, han conseguido trabajar bastante bien, pero nunca llegando a alcanzar ese éxito aplastante y duradero como en el caso del previamente mencionado en Madrid y que podría ser considerado el arquetipo de este tipo de espacios.

Tras una intensa, interesante y muy atareada semana entre el Prowein, la feria internacional del vino en Düsseldorf, y mi equipo del corazón, la Lazio, que ganaba un agónico derby de la capital italiana, ya de regreso a Valencia decidí movido por la curiosidad, acercarme a echar un vistazo al fenómeno del momento del que todo el mundo habla: el Mercado de la Imprenta (C/de la Mascota, 17). La estructura, ubicada a dos pasos de la estación Joaquín Sorolla y la plaza de España, se realizó a principio del novecientos (1908) para hospedar la imprenta familiar Vila, y el maestro de obras Vicente Cerdá se encargó de darle forma.

Es un complejo arquitectónico de gran valor cultural de por sí y que hoy alberga más de veinte puestos gastronómicos variados, originales y no franquiciados, distribuidos en dos niveles. El mérito de esta iniciativa lo tienen Juan Alberto Cirujeda y David Núñez, que después de enfrentarse primero al covid y después a la crisis energética para poder llevar a cabo su proyecto, finalmente y durante estas fallas pudieron abrir sus puertas tras casi tres años. Es muy curiosa su ubicación, ya que no se ve desde la calle principal: hay que recorrer un corto pasaje entre viviendas en un espacio casi peatonal para encontrar la entrada de la antigua imprenta y, una vez dentro, quedarse sorprendidos por la belleza y tremenda amplitud del lugar. Es el mercado gastronómico más grande de la ciudad (1800 metros cuadrados) y la oferta es de lo mas variado que podamos imaginar. Desde las 12 horas del mediodía, hasta las 12:30 de la noche (sábados y domingos abren antes a las 10h, y cierran lunes y martes) podemos degustar las mejores conservas, tapas variadas, sushi, hamburguesas gourmet, pizzas, arroces, empanadas argentinas, cocina libanesa, pescados de todo tipo, embutidos y quesos, vinos y vermús, chocolates, croquetas y tortillas y muchas más delicias. Todo gira alrededor de una plaza central, cuya barra es el corazón del edificio, en un ambiente que con cada ladrillo, cada viga de hierro y cada cartel pintado al estilo de la época, nos dibuja la València que se asomaba con grande ilusión al siglo XX. A la vista encontramos el mejor producto local, una inmejorable tarjeta de visita de la ciudad, para que podamos disfrutar de una oferta tan amplia que nos obliga a volver para poder probar un montón de cosas más y de las que nos quedamos con ganas.

Mi sincero deseo es que este proyecto funcione a largo plazo, que se consolide como un landmark gastronómico de la ciudad y que, además, pueda convertirse en un punto de referencia para otras iniciativas de calidad. En cierto modo, lo percibo, como una de las señales de una reacción a un periodo oscuro del cual queremos olvidarnos. Necesitamos disfrutar de la vida, de cosas pequeñas pero auténticas, como siempre hemos hecho, y sin duda, el Mercado de la Imprenta es un buen punto de partida.

LA NUEVA APUESTA GASTRONÓMICA DE VALENCIA

LA PRAXIS DEL VINO

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