LIBRERIA RAILOWSKY: ADICCIÓN A LA TIENDA

ABELARDO MUÑOZ: En los límites del barrio pijo de la ciudad, el librero Juan Pedro Font de Mora me mira tras sus anteojos circulares y pienso que sus amigos tienen razón: este tío se parece mucho al profesor Tornasol de las Aventuras de Tintín. De hecho JP es un aventurero en los negocios. Pese a su patricio apellido es, con su hermano Pepe, fotógrafo, el tándem disidente de la familia. Las ovejas negras, o en blanco y negro que es lo que les gusta sobre todas las cosas: el mundo de la fotografía.

Cuando montaron la librería y fotogalería en la calle Grabador Esteve, junto a un restaurante vasco, hace treinta y un años justos, nadie daba un duro por ellos. Se dividieron el trabajo: Pepe, el fotógrafo, Juan Pedro, el librero. Resultado: la rareza de una tienda dedicada a la imagen. Una librería temática, de fotos, qué va, dijeron.

Pero a fecha de hoy, la librería es una referencia europea en cuanto a ediciones de fotografía se refiere, cuenta con una valiosa colección de 500 obras de grandes figuras.

A lo largo de su animada historia, por esta pequeña tienda libros ha pasado la creme de la creme de la foto española, en palabras de su inventor y propietario: Koldo Chamorro, José Miguel de Miguel, Alberto Schomer, Tina Modotti…, y hasta Juan Rulfo expuso en la galería. Y además tiene montado un bonito tinglado solidario: Los Amigos de Railowsky. Cualquier fotógrafo profesional que pasa por la ciudad tiene una cita obligada con Railowsky.

El trasunto de profesor Tornasol, sin bombín ni paraguas, me sigue mirando tras la mesa decó de palisandro, negra por los años, que hace las veces de escritorio y mostrador. Sólo falta la máquina de escribir Remington y el teléfono negro de baquelita para que parezca una oficina de los años veinte de la agencia de detectives Pinkerton.
Nos rodean libros variados dedicados a este arte que antaño era un oficio muy arrastrado. Hoy la fotografía se codea con la pintura sin rubor. La modernidad la impuso y tiene sus vacas sagradas. Entre los títulos, obras de John Berger, Joan Fontcuberta, Gervasio Sánchez, Sebastiao Salgado y rarezas como escritos de Edward Munch, o una Breve historia de la fotografía de Walter Benjamín. Las baldas ofrecen género heteróclito y seductor. Aquí, además de costosos álbumes de la mejor fotografía mundial, también se encuentran muy buenos libros.
“Mi concepto de negocio es que sea una actividad cultural. No concibo una librería de best sellers. Railowsky es un ente activo. Recoge la cultura underground de los 60 y 70, que estuvo al margen de la oficialidad y las instituciones. O sea, agitación cultural”.
En los confines del local se hacen exposiciones. Hay varias personas contemplando España. Then and now; una serie del fotógrafo Jurgen Schadeberg, de 84 años, que vive en La Safor.

“Aquí mucha gente ayuda de manera desinteresada. Así que a las exposiciones y eventos, cada socio invita a un amigo, y ese amigo a otro. Es un boca a boca. Quizás por su espíritu subterráneo Railowsky siempre estuvo fuera del star system. Nada de gente guapa; por eso es difícil tener clientes de dinero”.

La actividad e iniciativas de Juan Pedro para atraer clientes y amigos son incesantes. La última fue espectacular. A mediados del otoño organizó Birra Beerlowsky, una exposición y una cata de cerveza artesana. Docenas de botellines de doble malta diseñados con fotografías exclusivas y que se que se vendían a tres y medio euros; el picoteo, abundante, iba por cuenta de la casa.
En poco tiempo se llenó el diminuto local de amigos y curiosos. Si uno iba a mear, se llevaba una sorpresa. El inodoro de Railowsky no es sólo eso, es también una obra de arte. Un collage de ilustraciones, fotografías y cosas raras. Así que uno mea feliz, rodeado por los estímulos de la imagen; un lugar para relajarse de verdad.

“Nuestro cliente es el intelectual exquisito que busca obras concretas. Para eso disponemos de fondos”. Como si el azar quisiera cuestionar sus palabras, en ese momento entra un presunto cliente en la tienda; azorado, pregunta si se venden brújulas. Negamos sorprendidos y el tipo se disculpa, “es que llevo treinta años sin venir aquí”.

Un incidente un poco dada; como el origen del nombre del local. “Todo procede de una foto de Carthier Bresson. Es el anuncio, en una medianera, de la actuación del gran Brailowsky, un pianista ruso-americano que se hizo famoso por sus interpretaciones de Chopin. Pero en la pared, la primera letra está borrada. Fue una revelación: Railowsky”.

La librería y sus actividades fascinaron al fallecido fotógrafo Alberto Schommer: “Railowsky no debe desaparecer nunca. Es importantísimo. Un espacio, no demasiado grande, con no demasiadas fotos; eso tiene alma. Es un mundo de sensibilidad”.
La habilidad de Font de Mora en estos años ha consistido en crear adicción a su tienda. Ha fabricado fetiches, como El sillón de Railowsky, obra que expuso Francesc Guillem en el 25 aniversario. Pese a todos los avatares de la crisis, Railowsky se ha mantenido contra viento y marea. Probablemente, es una de las pocas tiendas especializadas que quedan en nuestro país. Juan Pedro, en plan oráculo, lo explica con una parábola: “Es aplicar la teoría de los caballitos pequeñitos: hace miles de años los caballos, ante los peligros del cambio climático, salieron pequeñitos. Así nosotros”. Discreta, camuflada en el confín del barrio burgués, Railowsky, siempre underground, sigue agitando el percal.

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