NECROLÓGICA: PABLO CASADO

FUNERARIA LA SOLEDAD: Cuando Pablo Casado llegó con su sonrisa y su traje a la calle Génova el portero lo confundió con un vendedor de seguros y no le quiso dejar entrar. Pero el joven palentino se las ingenió para colarse y encandilar con su dentadura a José María Aznar y Esperanza Aguirre. El primero le nombró en 2009 director de gabinete y se comenta que pegado a su bigote dio nada menos que 20 vueltas al mundo. Aquella experiencia le provocó cierta inclinación a la velocidad y algunos problemas de ubicación. Lo primero le ayudó a sacarse media carrera en unos meses, después de años arrastrando los estudios de Derecho. Pero lo segundo le generó tal desorientación que igual no sabía dónde estaba la Universidad Juan Carlos I en la que cursaba un máster, que confundía Harvard con Aravaca. Mientras tanto Casado fue incubando un sueño: ser la Margaret Thatcher que devolviera el orgullo a la derecha española. Si oportunidad llegó tras la moción de censura a Mariano Rajoy. Su sonrisa, la tirria a Soraya Sáez de Santamaría en el partido y la varita mágica de Cospedal obraron el milagro. El problema era que un barbudo cantando himnos legionarios y un jovencito hiperactivo le disputaban la hegemonía del orgullo. “No te preocupes, Pablito”, le susurró Aznar al oído: “yo estaré siempre a tu lado. Recuerda que yo soy dios y, por lo tanto, uno y trino”. El joven palentino se lanzó entonces a la caza de independentistas, rojos, chavistas, etarras, felones, feministas, traidores y comunistas. Vamos que casi nadie en España se libró. Pero para su sorpresa, en lugar de salir a hombros por la puerta grande provocó el mayor batacazo electoral del partido. Fue entonces cuando recibió una llamada de Alberto Feijoo: “Mira, rapaciño, ¿no crees que te estás pasando de facha? ¡Céntrate, carallo!”. Y dicho y hecho. Pablo Casado giró de golpe al centro con tanto impulso que su cabeza comenzó a dar vueltas como la de la niña de El Exorcista. Luego se sonrisa se transformó en una grotesca mueca a lo Jerry Lewis y se desplomó. El portero de la calle Génova escondió el cadáver en los sótanos del edificio, acondicionados con fondos B, hasta que pasen las elecciones municipales..

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