De entrada, cualquier habitante de una urbe debería acoger con cierto júbilo la noticia de que en ella se va a poner en marcha un «Plan de Embellecimiento de la Ciudad». Pero si la encargada de desarrollar la propuesta es una alcaldesa que, enfundada en una camiseta con el lema «Alicante, guapa, guapa y guapa», promete cantidades industriales de césped artificial para llevar a cabo su objetivo, lo lógico es echarse a temblar. Sí, Sonia Castedo parece obsesionada con la ardua tarea de elegir el papel de celofán con el que envolver una ciudad llena de problemas estructurales en materia de urbanismo, educación y sustentabilidad. Afortunadamente, ahora cuenta con la inestimable ayuda de Oti García Pertusa, nueva concejala del PP al frente de esa gran incógnita que es la concejalía de Estética Urbana. Gracias a ello, supongo, se ha decantado finalmente por un tono verde sintético con minúsculos lunares multicolores, es decir, césped artificial y 40.000 flores son la receta para que la belleza se derrame sobre Alicante y deslumbre a todo aquel que la visite.
El pasado viernes se estrenó en el Teatro Principal de Alicante «Por culpa de Yoko», una obra escrita por Paco Sanguino, dirigida por Mercé Vila Godoy e interpretada por Gloria Sirvent, Inma Ortega, Mila García y Dolores Faraco. En una escena de esta divertida comedia musical, una de sus desdichadas protagonistas recuerda una entrevista de trabajo en la que tuvo que recurrir a los rotuladores de su hija para mejorar su aspecto ante la imposibilidad de adquirir productos cosméticos por la escasez económica. La artimaña, como era predecible, no surtió efecto y nunca la llamaron para aquel empleo. No, el maquillaje nunca soluciona los problemas, como mucho puede ocultarlos durante un tiempo, y me temo que esa es la pretensión del «Plan de Embellecimiento de la Ciudad». No por casualidad surge precisamente ahora, cuando al calor del debate ciudadano en torno al PGOU ha nacido el colectivo Salvemos Nuestros Barrios con propuestas que van más allá de superficiales retoques con aroma a plástico. La principal reivindicación de este movimiento vecinal es la proyección de un gran parque central en las 56 hectáreas que quedarán libres tras la eliminación de las vías del tren. «Si cedemos en esta reivindicación, Alicante renuncia definitivamente a tener un parque central y, en gran medida también, a ser una ciudad habitable», asegura Gerardo Equiza, miembro del colectivo Salvemos Nuestros Barrios. Y no exagera. Pero para Sonia Castedo eso supone enfrentarse a muchos agentes del mercado inmobiliario que ya se frotan las manos pensando en ese suculento espacio sin urbanizar en pleno centro de la ciudad, a pesar de que la provincia de Alicante tiene una de las tasas de vivienda nueva sin vender más altas de toda España.
Lamentablemente, el tiempo durante el que un problema puede ser enmascarado bajo una tupida capa de polvos compactos suele ser demasiado. Álvaro Uribe, por ejemplo, ha logrado disimular durante más de seis años los constantes delitos de lesa humanidad que el Ejército de Colombia ha cometido contra la población civil del país sudamericano. El escándalo, por fin, ha llegado a la opinión pública internacional después de que se hayan denunciado 1.155 casos de ejecuciones extrajudiciales a manos de las fuerzas públicas colombianas, que se han dedicado a registrar como guerrilleros caídos en combate a personas inocentes durante todo este tiempo con total impunidad. Ahora, cuando son más de 3.000 los funcionarios de las Fuerzas Armadas investigados por estos crímenes, cuando el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, acaba de destituir a otros 13 militares salpicados por la ignominia, que se unen a los 27 miembros del Ejército recientemente relevados y a la renuncia del comandante del Ejército, ya no hay maquillaje que valga, por mucho que el presidente colombiano se empeñe en descalificar a los familiares y a las organizaciones defensoras de los Derechos Humanos que están detrás de las denuncias. Si algo tan grave ha podido mantenerse en la sombra durante más de un lustro, ¿cuánto tiempo podremos contentarnos los alicantinos con una idea de belleza asociada al césped artificial? No lo sé, pero todavía no es tarde para impedir que el hormigón invada la última reserva de suelo que queda en el espacio urbano alicantino susceptible de albergar ese pulmón que la ciudad tanto necesita.
MARTA CASTILLO |