2009 inicia su andadura cerrando una puerta para la paz en Oriente Próximo y demostrando, una vez más, que el terrorismo de Estado es el más perverso de todos los terrorismos. Israel, desoyendo los llamamientos internacionales para que cese sus ataques, entró en el año nuevo intensificando su ofensiva contra Gaza y acabando con la vida de Nizar Rayan, uno de los principales líderes de Hamás. Su mujer y ocho hijos también perdieron la vida en el bombardeo. El número de muertos que el Ejército israelí ha ocasionado en sus incursiones navideñas supera ya el medio millar, gran parte de los cuales son, según datos de la ONU, civiles. Los cohetes lanzados desde Gaza por Hamás dejaron cuatro víctimas. La desproporción es tan abrumadora que no cabe tibieza alguna a la hora de analizar la situación, por eso resulta incomprensible la actitud laxa de la comunidad internacional. Una actitud que sería, sin duda, bien distinta si el país agresor fuera otro.
Una democracia malcriada que se esconde bajo las faldas de otra, la norteamericana, que ignora igualmente los principios del Derecho Humanitario y goza de enormes privilegios a la hora de tomar decisiones en materia de seguridad internacional gracias a su papel preponderante en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Así, la madre consiente a la hija los mismos métodos impíos que ella ha empleado para resolver conflictos, de entre los cuales el terrorismo de Estado es siempre el más efectivo. O lo ha sido hasta hace poco. Quizás con el tiempo Israel comprenda que la fuerza bruta es contraproducente y se pase a técnicas más sofisticadas como las que ahora utiliza la Casa Blanca en América Latina. Mientras tanto, Israel sigue invirtiendo la ayuda militar que le ofrece Estados Unidos (casi 95.000 millones de dólares entre 1949 y 2001) en aumentar las dimensiones de la masacre. La pretenciosa terminología esgrimida (operación «Plomo Sólido» o etapa militar «Arrancar de raíz») se prestaría a la comicidad si no fuera por el ingente sufrimiento que esconde tras de sí.
El pasado sábado, el Movimiento de Resistencia Global de Alicante convocó una concentración en la plaza de la Montañeta para expresar el rechazo que a muchos nos producen tanto las democracias que abusan de sus privilegios como las que callan ante tales abusos. Más de quinientas personas se congregaron frente a la subdelegación del Gobierno en Alicante en un acto pacífico, pero no exento de rabia. Una rabia que se tradujo en la quema de banderas israelíes y estadounidenses por parte de algunos asistentes. Fue un gesto innecesario, sin embargo hay que tener en cuenta que estamos hablando de una rabia doble, por lo que ha ocurrido y por lo que va a ocurrir. Porque lo más sangrante es que, a pesar de las movilizaciones que han tenido lugar en todo el mundo para protestar por la escalada de ataques del ejército israelí, lo peor está por llegar, tal y como hizo prever el anuncio por parte de Israel de su intención de evacuar a unos 443 extranjeros que viven en la franja de Gaza, poco antes de su incursión terrestre en territorio palestino. Saben bien lo que se avecina y no quieren testigos, por eso la ministra de Exteriores israelí, Tzipi Livni, ha rechazado la presencia de observadores internacionales en la franja después del fin de la ofensiva.
El texto presentado por la delegación libia en nombre de los países árabes recientemente debatido en la ONU fue rechazado por las potencias occidentales al ser considerado desequilibrado por no mencionar los ataques de cohetes de Hamás contra las poblaciones hebreas. Estados Unidos y Gran Bretaña se opusieron al texto porque no les pareció completamente imparcial y Bush, desde la más absoluta de las imparcialidades, insiste en que Israel se limita a defenderse de los ataques de Hamás. También él se limitó a defenderse de las potenciales armas de destrucción masiva iraquíes matando a decenas de miles de civiles. Según la ONG The Israeli Project, entre principios de 2001 y el verano de 2008 han muerto 23 israelíes a causa de los proyectiles palestinos. Según el Centro Palestino para los Derechos Humanos, 3.800 palestinos han muerto por ataques israelíes durante el mismo periodo, de los cuales casi 850 son niños. Parece que este desequilibrio no preocupa demasiado a las potencias occidentales. La paz lo sabe y se aleja todavía más.
MARTA CASTILLO |