Según el diccionario de la Real Academia Española, las personas conservadoras se caracterizan por ser «especialmente favorables a la continuidad en las formas de vida colectiva y adversas a los cambios bruscos o radicales». La experiencia demuestra precisamente lo contrario. En la Comunidad Valenciana hace ya muchos años, demasiados, que el Partido Popular gobierna las principales capitales y durante todo ese tiempo no han cesado de proliferar plataformas conservacionistas con el objetivo de proteger diferentes espacios amenazados por la depredación urbanística. Salvem el Cabanyal y Salvem el Botànic son, probablemente, los dos ejemplos más tenaces nacidos en València. En Alicante, la plataforma ciudadana Salvem el Benacantil logró hace más de tres años que una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana impidiera la construcción del Palacio de Congresos en la ladera del emblemático monte alicantino. El pasado once de enero, la plataforma de reciente creación Salvem Fontcalent reunió a más de doscientas personas frente a la puerta del Ayuntamiento de Alicante para reclamar la inclusión de la sierra de Fontcalent en el apartado de protección del medio ambiente del nuevo Plan General de Ordenación Urbana de Alicante.
Desde una perspectiva optimista, podría pensarse que la multiplicación de movimientos empeñados en salvar distintas zonas de una ciudad son un buen síntoma, pues significa que ésta todavía posee un número importante de lugares dignos de ser salvados. Sin embargo, en la mayor parte de los casos, lo que se trata de proteger son meros vestigios. Y eso es lo que ocurre con esta nueva iniciativa auspiciada por miembros de diversos colectivos ecologistas, culturales y vecinales de Alicante que, para ser exactos, debería llamarse «Salvem el que queda de Fontcalent». El manantial de aguas termales que da nombre a la sierra ha pasado a mejor vida como consecuencia de las obras del AVE y la explotación de las canteras de piedra de Fontcalent hace tiempo que ha desfigurado ostensiblemente la silueta de la montaña. Ahora el paraje está seriamente amenazado por la nueva circunvalación de la autovía A-30 y por los nuevos sectores industriales previstos en el PGOU.
Lamentablemente para los conservacionistas, hay muchas cosas de nuestro entorno que los conservadores no quieren conservar, sin embargo hay otras de las que se niegan a desprenderse a pesar de que las leyes así lo aconsejan. El pleno de la Diputación de Alicante rechazó el pasado verano, con los votos del PP, una moción socialista en la que se pedía retirar el nombramiento de hijo adoptivo y predilecto de la provincia de Alicante al dictador Francisco Franco. Cierto es que los socialistas tuvieron oportunidad de hacerlo en el pasado y no lo hicieron, pero la flamante Ley de Memoria Histórica anima ahora como nunca antes a las administraciones a retirar símbolos y menciones conmemorativas que exalten el franquismo. El alegato de la portavoz adjunta del PP en la Diputación de Alicante, Mercedes Alonso, no tenía desperdicio, dijo que el asunto no le quitaba el sueño a nadie. Porque para ellos son los nadies los que se preocupan por cuestiones éticas de ese calibre o los que se obstinan en cuidar los cada vez más constreñidos tesoros naturales que aún perviven en esta provincia. Porque lo que a ellos les quita el sueño son los ceros de las cuentas bancarias y no se han parado a pensar que alimentar fracturas sociales, enrarecer la convivencia y malgastar las cesiones que la naturaleza nos otorga nos va a salir caro a todos, y ellos están incluidos en el todos.
Algunos conservadores de la Eurocámara ya se han dado cuenta de este sencillo cálculo, lo cual ha permitido que el pleno del Parlamento Europeo aprobara el pasado trece de enero una normativa que restringe severamente el empleo de pesticidas y que prohíbe su uso cerca de parques, ríos, hospitales o escuelas. De este modo, gracias a la mutación de algunos conservadores en conservacionistas, la Unión Europea se ha dotado de una de las legislaciones sobre productos fitosanitarios más restrictivas del mundo, con un total de 22 sustancias tóxicas y cancerígenas prohibidas por una aplastante mayoría de 577 votos a favor y 61 en contra. Esperemos que no tarden mucho en llegar semejantes mutaciones por estos lares.
MARTA CASTILLO |