Alicante olía a agonía en marzo de 1939. Durante las primeras semanas de aquel fatídico mes muchos republicanos lograron escapar del cerco enemigo a través del puerto de Alicante, y también, embarcados en pequeñas naves pesqueras, a través de otras zonas portuarias como la de El Campello, Villajoyosa, Santa Pola o Torrevieja. Del puerto alicantino partieron primero los barcos «Winnipeg» y «Marionga», después el «Ronwyn», un mercante inglés que supuso la salvación para más de setecientos exiliados. El 19 de marzo zarpó rumbo a Orán el «African Trader» con 859 pasajeros. Todos ellos pertenecían a dos navieras contratadas por el gobierno de Negrín (quién escapó por las mismas fechas desde un improvisado aeródromo de Monóvar) para el abastecimiento de la zona republicana. Pero fue durante la última semana de marzo cuando Alicante se inundó de personas desesperadas que se amontonaban en el puerto en busca de una escapatoria por vía marítima. El 28 de marzo de 1939 sólo había dos navíos atracados en la dársena de la ciudad, el «Stanbrook» y el «Marítime». Si el «Stanbrook», dirigido por el capitán Dickson, ha pasado a la Historia es porque fue el último barco que salvó de la muerte a los vencidos, desafiando a las tropas franquistas, la flota italiana y la aviación nazi. El «Marítime» partió después, ya en las primeras horas del 29 de marzo, abandonando a su suerte a todos aquellos «españoles rotos» que Max Aub consideró «lo mejor del mundo».
Amado Granell fue uno de los 2.638 pasajeros del «Stanbrook». Es uno de los primeros nombres con los que el lector se topa en la última obra de Evelyn Mesquida. Antes de la Guerra Civil española, Granell regentaba un pequeño comercio de venta y alquiler de bicicletas en Orihuela. Luego, durante la contienda, obtuvo el grado de comandante y se hizo cargo de la 49ª División del Ejército Popular de la República. Tras combatir en la Guerra de Túnez contra las tropas de Rommel se integró en la Segunda División Blindada del general Leclerc. Evelyn Mesquida fue descubriendo a lo largo de la investigación que dio origen a su libro las apasionantes vidas de los hombres de La Nueve, la compañía con más españoles de la Segunda División Blindada del general Leclerc. Algunos de ellos, como Granell, llegaron a ser miembros de La Nueve porque la suerte les acompañó aquel 28 de marzo, y no necesariamente de la mano del «Stanbrook». Manuel Lozano, por ejemplo, pudo escapar ese día desde Torrevieja gracias a una barca de pesca llamada «La joven María». Jesús Abenza y otros compañeros se lanzaron al mar en una pequeña embarcación con varios kilos de naranjas como único equipaje. Evelyn Mesquida fue quedando deslumbrada poco a poco por la calidad humana de aquellos hombres, aunque la autora reconoce que quizás fueron Joseph Putz y Amado Granell los que más la impresionaron.
El 26 de agosto de 1944, el teniente Amado Granell encabezó el desfile de la Victoria por los Campos Elíseos enarbolando dos banderas: la de la Francia Libre y una pequeña bandera republicana. El júbilo con que París acogió a los soldados de La Nueve es uno de los pasajes más emotivos del libro de Evelyn Mesquida. Fue quizás la única recompensa que recibieron por haber consagrado sus vidas a la lucha contra el fascismo. La felicidad que alcanzaron aquellos hombres en las históricas jornadas parisinas es, según la autora, una dicha inconcebible para nosotros, una felicidad que no llega como un regalo, sino que ha sido ganada a pulso, tan intensa como el inefable dolor que la precede. «Aquel entusiasmo era la libertad», recordaba Granell años más tarde en unas declaraciones a la radio francesa. El «Stanbrook» se hundió en Amberes el 3 de diciembre de 1939, pero su esfuerzo no había sido en vano.
MARTA CASTILLO |