Álvaro Pérez Alonso, conocido como «El bigotes», es sin ninguna duda mi personaje favorito de la trama de corrupción investigada por la Audiencia Nacional que ha ocupado en los últimos días los titulares de la prensa española. Es un tema del que se ha hecho eco la inmensa mayoría de los medios de comunicación de ámbito nacional, excepto Radio Televisión Valenciana, que ha decidido que no es de interés para los ciudadanos de la Comunidad Valenciana que el juez Baltasar Garzón haya enviado a prisión a los tres cabecillas de la presunta trama de corrupción que salpica al PP por haber sobornado a funcionarios públicos de Ayuntamientos de las Comunidades de Madrid y Valencia con el objetivo de beneficiar a sus empresas. Este curioso criterio periodístico ha suscitado una denuncia por parte de la Unió de Periodistes contra la cadena autonómica, y es que la ocultación del caso en el que se investiga a la firma Orange Market, dirigida por Álvaro Pérez Alonso, extingue definitivamente la credibilidad de Canal 9, si es que alguna vez la tuvo. Casualmente, Noemí Ramal, mujer de «El bigotes» y ex «mamachicho», lleva tres años consecutivos presentando las campanadas de Nochevieja de Canal 9, en 2007 desde la Plaza Mayor del alicantino municipio de La Nucía, en 2008 desde la Puerta del Sol de Castellón y en 2009 desde Paterna. En las tres ocasiones Noemí Ramal, que engrosa además sus credenciales con una inestimable intervención como azafata y bailarina en un programa de Los Morancos de TVE, estuvo al lado de Paco Nadal. El momento del último vídeo promocional en que el veterano presentador descorcha una botella de champán cuyo contenido va a parar al escote de la ex «mamachicho» no tiene precio.
A esta altura el asunto ya ha adquirido tintes de baja estofa, pero sólo hay que profundizar un poco más en el pasado de Álvaro Pérez Alonso para comprobar que la realidad supera siempre la ficción y que Torrente, el famoso personaje de Santiago Segura que batió récords de taquilla queda a la altura del betún ante «El bigotes». Un año antes de convertirse en uno de los detenidos en la «Operación Gürtel», Pérez Alonso celebró por todo lo alto su unión matrimonial con Noemí Ramal en compañía de sus socios, Francisco Correa, presunto cerebro de la red de tráfico de influencias, y Pablo Crespo, ex secretario de Organización del PP en Galicia y fundador de Orange Market. Ambos duermen en la cárcel desde hace más de una semana. Francisco Camps, así como otros miembros de la cúpula del Consell, también asistieron a la boda, a la que no faltó el director general de RTVV, Pedro García. Aparentemente todo encaja, pero hay que remontarse a los años del destape para cerrar el círculo definitivamente: Pérez Alonso, que es sobrino político de Andrés Pajares, fue su representante durante los años en que rodó películas que han hecho grande la industria cinematográfica española y que han quedado para la posteridad. Sí, me refiero a esa obra maestra del séptimo arte titulada Los bingueros que Pajares protagonizó junto a ese gran sibarita de la interpretación que es Fernando Esteso. Y la guinda es que, si hay una banda sonora para todo este turbio entramado de políticos y empresarios de medio pelo, es precisamente la canción que Fernando Esteso interpretó en 1982 en el casposo Festival de Benidorm: «Soy un vividor».
Dicen las malas lenguas que Peréz Alonso, obligado por el juez Baltasar Garzón a comparecer semanalmente en el juzgado y a permanecer en España, apareció muy demacrado en el momento de su detención. Dicen que no era ni la sombra del tipo dicharachero que campaba a sus anchas por la sede regional del PP en Valencia y que no escatimó en risotadas durante la boda de su amigo Alejandro Agag, yerno de José María Aznar. Lo recreo en mi mente caminando cabizbajo con su impecable traje a medida, escoltado por la policía con el mostacho alicaído y añorando tiempos mejores, pero no hay manera, la imagen no logra conmoverme.
MARTA CASTILLO |