La flor del almendro es el exordio de otras aperturas, de otros brotes (Foto: M. C.).
CUENTO DE PRIMAVERA
 

El almendro es el árbol que da el pistoletazo de salida a la primavera cada año. En la provincia de Alicante, uno de los lugares más hermosos para contemplar el espectáculo de su florecimiento es el valle de Guadalest. Las inmediaciones de la sierra de Aitana se tiñen de blanco y de rosa poniendo punto y final al invierno. La flor del almendro se abre y es el exordio de otras aperturas, de otros brotes. Hay un fotograma en La teta asustada, ganadora del Oso de Oro a la mejor película en el pasado festival de cine de Berlín, que me pareció sublime precisamente por representar eso mismo, el principio de una primavera. La imagen es un primer plano de Fausta, la protagonista, con una llamativa flor púrpura en la boca. Fausta fue amamantada en tiempos violentos y bebió el miedo de su madre, víctima de abusos sexuales durante los cruentos conflictos que sacudieron Perú a finales del siglo pasado. La leyenda andina dice que ese pánico que viaja a través de la leche materna hace que las almas se escondan bajo tierra. Sólo los cánticos en quechua pueden apaciguarlas y sólo un jardinero paciente puede lograr que de la tierra vuelva a emerger un tallo y luego una flor. Y ahí radica, desde mi punto de vista, la belleza de ese cuento indígena de primavera dirigido por Claudia Llosa, en la delicadeza con que describe un proceso de germinación del alma.
También desde el otro lado del charco llegó el pasado viernes 8 de mayo a la sede de la Universidad de Alicante un documental dirigido por Alejandra Islas sobre la violencia de género y la prostitución infantil. En Los demonios del edén la periodista mexicana Lydia Cacho se sumerge, lejos de cualquier sensacionalismo, en el opaco mundo de la pederastia, con el riesgo que supone tal empresa, sacando a la luz los hilos que conectan las más altas esferas del poder con las prácticas más deleznables en el terreno sexual, aquellas que encuentran en el dolor infantil una fuente de placer. Viejos ricos corruptos en busca de carne fresca que hablan con desdén desde sus lujosos despachos sobre algo que ellos consideran mercancías pero que son, en realidad, seres en pleno período de construcción, desarmados y desvalidos, tan frágiles como un tallo que comienza a brotar. Y sin titubear lo arrancan de cuajo sólo para degustar una superioridad que es doblemente ruin porque bebe de una desigualdad de fuerzas palmaria y celebra la destrucción de una flamante promesa, de una vida en ciernes. Aprovechan la ventaja de los años para hallar un oscuro goce en la debilidad de un cuerpo que no se puede defender, ¿o acaso el goce reside precisamente en esa indefensión, en la absoluta imposibilidad de rechazo que la desigualdad de condiciones garantiza?. Hay que estar muy enfermo para que la brusca interrupción de un proceso de germinación, la demolición de un amanecer, produzca deleite en lugar de horror.
Como queda patente en ambas películas, todo aquello que sucede durante los primeros años de vida constituye una marca indeleble que prefigura en gran medida todo lo que ha de venir después. Por ello son muchos los profesionales de la psique infantil que consideran de vital importancia la existencia de, como mínimo, una figura de vinculación suficientemente próxima y estable desde el nacimiento. Se acercan las elecciones al Parlamento Europeo y las encuestas vaticinan una baja participación. Algo incomprensible si pensamos que son las semillas del futuro las que están en juego. La derecha europea, implacable defensora de la institución familiar sólo en teoría, acaba de rechazar la propuesta de la socialista portuguesa Estrela Edite de extender la baja de maternidad hasta un mínimo de 20 semanas en toda la Unión Europea e instaurar un permiso de paternidad obligatorio. El informe, que había sido aprobado por la comisión parlamentaria, defendía que las seis primeras semanas de baja sean obligatorias para promover la lactancia. El asunto depende ahora enteramente de los resultados de las elecciones del próximo 7 de junio, pues serán los miembros de la nueva Eurocámara los que decidirán si se facilita o no la conciliación de la vida familiar y laboral, con la repercusión que ello pueda tener en la salud mental de las generaciones venideras. La vida recién nacida es frágil y delicada como la flor del almendro, de nuestros cuidados depende que su fruto tenga o no el sabor de las almendras amargas.

MARTA CASTILLO