Richard Stallman, padre del movimiento a favor del sofware libre, estuvo en Alicante (Foto: Crisle Hannemyr).
ARTE LIBRE
 

Desde el momento en que una obra, sea del tipo que sea, se expone a la luz pública comienza una andadura independiente que el autor ya no puede controlar. Cualquier creación artística tiene una vida al margen de los designios de su progenitor, porque si bien la génesis de un cuadro, de una canción o de un libro puede ser cosa de uno, su lectura es siempre cosa de dos. El desaparecido Antonio Vega expuso esta idea con clarividencia en la entrevista concedida hace dos años a Paloma Concejero para un especial sobre la edad dorada del pop español: “Hay un momento en que las canciones dejan de ser cien por cien mías y pasan a ser de los demás, porque la gente las asocia a su existencia, las incorpora a su vida y a su historia y son referencias que son suyas propias, intransferibles. La canción puede ser mía, pero esa referencia, esa asociación, ese recuerdo asociado es estrictamente suyo, por tanto la canción no es del todo mía. Hay un momento en que las canciones se emancipan”. Ese momento en que el arte se emancipa es lo que le da sentido, porque una obra cautiva en la mente de un creador nunca podrá conmover, nunca podrá ser admirada y gozada. Sólo el arte libre, indómito, es arte. 
Richard Stallman, padre del movimiento a favor del software libre, abordó el pasado doce de mayo en Alicante el problema de la libertad y la autoría desde una perspectiva amplia. Stallman criticó duramente la labor de la Oficina Europea de Patentes tanto en el ámbito de la informática como en otras esferas, pues está restringiendo libertades del ciudadano en pro del lucro de grandes empresas. También recalcó la necesidad de educar en la independencia y en la solidaridad a las futuras generaciones, y se dirigió a Zapatero para advertirle del riesgo y la contradicción que supondría pagar con dinero público software privado instalado en ordenadores escolares. Zapatero no especificó qué sistema operativo dispondrán los portátiles prometidos durante el debate del Estado de la Nación y ciertamente la cuestión no es baladí. En primer lugar, como apuntó Stallman, porque la escuela no debe enseñar en la dependencia a una empresa, cualquiera que sea. En segundo lugar, por una cuestión de coherencia, ya que detrás del movimiento liderado por el programador norteamericano se encuentran los mismos valores morales que deben sustentar un sistema educativo y que pasan por la ayuda al prójimo, la ausencia de restricciones en materia de conocimiento, la imposibilidad de mercantilizar el saber y la capacidad de compartir. En tercer lugar, por el ahorro que supone para todos los contribuyentes un software gratuito que, además de facilitar el estudio y la modificación del código fuente, permite la distribución de copias. El gurú del conocimiento libre se lamentó también del retroceso que ha sufrido su país en materia de libertades y puso en duda la capacidad de Obama para restituir todos los derechos perdidos durante el mandato de Bush. “La libertad es precaria si no se valora”, dijo Stallman, y esa frase quedó retumbando en mi cabeza.
El franquismo asestó un golpe letal tanto al arte como a la libertad, porque el uno no puede vivir sin la otra y viceversa. Sin embargo, la libertad perdida no dejó de ser valorada ni añorada, al menos por una parte importante de la sociedad. Era precaria porque no estaba permitida, pero su elevado coste era apreciado precisamente por la prohibición que la envolvía. Con la llegada de la democracia se abrió la jaula que había retenido durante demasiado tiempo una jauría de imaginación desbocada. Madrid fue el epicentro de aquel fenómeno sísmico irreverente y la música fue el medio preferido para canalizar toda aquella avidez de libertad. El madrileño barrio de Malasaña, cuna de la Movida Madrileña, tendrá una plaza Antonio Vega junto a uno de los emblemáticos bares que avivaron la ebullición creativa de aquellos años. En ese bar, el Penta, sonaban canciones libres, “canciones que consiguen que te pueda amar”. Buenos recuerdos para el poeta de Nacha Pop, buenos recuerdos para nosotros, porque los recuerdos, por fortuna, nunca tendrán derechos de autor.

MARTA CASTILLO