Los cines Astoria llevan un cuarto de siglo ofreciendo cine de calidad en pleno Casco Antiguo alicantino. Durante la última década la supervivencia de estas salas, que han cobijado desde su apertura a un público hastiado del cine comercial, se ha visto amenazada. Los factores que han confluido en contra de su persistencia son, entre otros, la proliferación de centros comerciales, la menguante demanda de cine en versión original y la anómala programación de una Filmoteca Valenciana que, en lugar de estimular una cultura cinematográfica ofreciendo ciclos de cine clásico, se dedica a proyectar películas recién estrenadas a bajo precio. Hace dos años la muerte de los cines Astoria parecía inminente, pero Antonio Mansilla, actual propietario de las salas y de la productora Sorolla Films, llegó a tiempo para rescatarlos, no tanto porque le pareciera un negocio redondo como por su voluntad de defender el cine independiente y en versión original de las fauces de las voraces multisalas. No en vano Antonio Mansilla resultó elegido hace unos meses presidente de la Asociación Valenciana de Productores Independientes.
Acaba de concluir la VI edición del Festival de Cine de Alicante y Antonio Mansilla calcula que con el 10% de su presupuesto se podrían salvar los cines Astoria. “A nivel empresarial es predecible que una sala genere pérdidas durante el primer año, pero después de dos años y cinco meses sin ganancias tenemos que tomar una decisión”, explica el productor, quien asegura que se está estudiando como alternativa al cierre la posibilidad de mantener una de las salas para cine y convertir la otra en un bar cultural. Pero ésta no dejaría de ser una solución a corto plazo, pues el problema de fondo, el desinterés por el cine que no se ciñe a lo que Noël Burch llamó «Modo de Representación Institucional», volvería a emerger a medio o largo plazo. Antonio Mansilla considera preocupante que en Alicante se haya confundido el concepto de filmoteca, asociado al nombre de grandes directores del séptimo arte, con el de simple cine de reestreno barato. En su opinión, la preferencia del público por el cine doblado es sintomática de una sociedad con menos inquietudes culturales, a nivel local y también a nivel nacional. Y hoy, con la resaca de unas elecciones europeas que han premiado la corrupción y la codicia, el contexto europeo no resulta muy esperanzador en este sentido.
No me imagino a Berlusconi alentando espacios de debate crítico o destinando dinero público a la producción y exhibición de películas que no aspiran a ser éxito de taquilla, como tampoco me imagino a Sonia Castedo (a pesar del reciente destello de lucidez que la ha llevado a desmarcarse al fin de su predecesor aceptando la propuesta socialista de retirar a Franco el título de Hijo Adoptivo y Alcalde Honorario Perpetuo de Alicante) sacrificando su sesudo “Plan de Embellecimiento de la Ciudad” para acudir al rescate de unos cines emblemáticos que dan vida a un barrio emblemático que, literalmente, se resquebraja. Los vecinos del barrio que ha visto crecer las salas Astoria están en pie de guerra con el Patronato de la Vivienda del Ayuntamiento de Alicante. Las obras que se están realizando en una zona aledaña han provocado el surgimiento de grandes grietas, así como un leve desprendimiento de tierra en la ladera del monte Benacantil, lo cual ha obligado a las autoridades a cortar el tráfico en la zona de acceso al barrio de Santa Cruz. Es evidente que algo se está rompiendo en el Casco Antiguo de Alicante, en la Comunidad Valenciana, en toda Europa. Si la demanda de buen cine decae, si ante una crisis los ciudadanos optan por recompensar en las urnas los abusos del poder y si la ultraderecha irrumpe en el Parlamento Europeo significa que el miedo va ganando terreno a la reflexión, que estamos escribiendo la crónica de una muerte anunciada. En fin, disculpen el pesimismo, pero hoy escribo desde la vergüenza de pertenecer a una sociedad que no pasa factura a los corruptos y desde el dolor que infunde la amenaza de ver desaparecer unos cines que han brindado durante 25 años a los alicantinos la oportunidad de asomarse a un universo cinematográfico que va más allá del predecible cine de Hollywood.
MARTA CASTILLO |