Más xonas verdes en Alicante no significa llenar el centro histórico de macetones (Foto: M.C.).
MACETONES POR DOQUIER
 

Poco después del diluvio universal, que en Alicante suele acontecer a mediados de septiembre para poner punto y final al verano, Sonia Castedo celebraba su primer cumpleaños al frente del Ayuntamiento. La edil tuvo un cumpleaños pasado por agua, y no solamente por el chaparrón que empapó la ciudad el pasado domingo 13 de septiembre. Precisamente el mismo día en que se publicaba en el diario más importante de la provincia una entrevista con la alcaldesa en la que aseguraba que lo que necesitan los alicantinos es más autoestima y un nuevo Rico Pérez. Afortunadamente, una oportuna tromba de agua se encargó esa misma tarde de lanzar una rotunda negativa a la alcaldesa para sacarla de su error. No, lo que necesitamos los alicantinos es un diseño urbanístico cabal, encaminado a satisfacer las necesidades de los ciudadanos y no a engrosar los bolsillos del empresario más mimado por el Ayuntamiento de Alicante y máximo accionista del Hércules. Entre otras cosas, porque ya los tiene llenos. Lo que necesitamos los alicantinos es dejar de ostentar el vergonzoso récord de ser la provincia española que más operaciones de transfuguismo registra, con pingües beneficios para los concejales que dejan la candidatura por la que fueron elegidos para promover un cambio de Alcaldía. Lo que necesitamos los alicantinos son más plazas en los centros con ciclos formativos, que acaban de iniciar el curso con largas listas de espera.
Lo que precisamos los alicantinos como agua de mayo son más zonas verdes, tal y como ha vuelto a reivindicar la Plataforma Comarcal por la Movilidad Sostenible de l’Alacantí con motivo de la Semana Europea de la Movilidad. Y más zonas verdes no significa llenar el centro urbano de macetones ni gastar los fondos del Gobierno central para reformar la Plaza del Ayuntamiento o rehabilitar la Explanada y así apuntarse un tanto. Porque la subdelegada del Gobierno en Alicante, Encarna Llinares, no exagera cuando afirma que el primer año de mandato de la alcaldesa se resume en los 57 millones de euros que ha recibido el municipio de los fondos estatales del Plan E.
Más zonas verdes significa aprovechar la liberación de los terrenos que acarreará el desmantelamiento de las vías del tren para diseñar una estación intermodal que permita crear un gran parque central sin autovías urbanas, con carriles para el transporte público y la bicicleta y, sobre todo, con espacio para los peatones. Porque lo que necesitamos los alicantinos es una ciudad en la que las personas sean más importantes que los coches, una ciudad por la que poder desplazarse en bici sin jugarse la vida y por la que poder pasear sin tener que sortear el tráfico a cada paso. Y para lograr que en Alicante el coche deje de ser el principal protagonista del espacio público no sirve de nada colocar tiestos por doquier. Tampoco sirve de nada que venga Miguel Induráin a celebrar el Día de la Bicicleta si no tenemos una ciudad apta para que sus habitantes puedan moverse por ella con el medio de transporte menos contaminante que existe.
Hay, por lo tanto, poco o nada que celebrar después de un año con una alcaldesa que, no lo olvidemos, llegó al cargo de la mano de Luis Díaz Alperi a través de una turbia maniobra del ex alcalde para continuar como diputado en las Cortes Valencianas. Porque decisiones como la de suprimir en las pasadas fiestas de Hogueras el racó municipal del Ayuntamiento o la de retirar los títulos honoríficos a Franco no dejan de ser paños calientes para una ciudad con muchas necesidades tras una gestión nefasta durante más de trece largos años. Sobran gestos fáciles y urgen acciones transformadoras. Porque quienes se empeñan en destacar el carácter dicharachero de la alcaldesa olvidan que Alicante no soluciona sus problemas con retoques superficiales. Alicante requiere cambios profundos. Sólo entonces podrá mejorar su autoestima.

MARTA CASTILLO