Hay atracado en el puerto de Alicante un viejo velero de época que destaca por su vetusta belleza entre los flamantes yates que lo rodean. La Goleta Morena fue construida hace más de medio siglo en el astillero de una pequeña ciudad alemana. Durante más de dos décadas navegó por el mar Báltico y el mar del Norte como barco de pesca hasta que, en 1977, fue restaurada y acondicionada para transportar pasajeros por la ría de Kiel. Cuando José Juan compró la embarcación con el objetivo de convertirla en aula de educación ambiental, la Goleta Morena era una nave moribunda con huesos desvencijados. Un año de aventuras y desventuras tardó el viejo velero en llegar desde Kiel hasta Alicante. Pero el esfuerzo valió la pena, porque, como reconoce su actual propietario, era un esfuerzo que estaba “encaminado a forjar amores eternos”.
José Juan quería que la gente se enamorara del mar, y para amar algo hay que conocerlo y respetarlo. Por eso trabajó para que el barco se convirtiera en los últimos años en una ventana abierta al mar, para que cientos de niños y adultos pudieran contemplar y aprender a identificar las distintas especies del Mediterráneo. Pero en los programas de educación ambiental que se han llevado a cabo a bordo de la Goleta Morena el aprendizaje nunca fue una experiencia unidireccional. Tanto los pasajeros como los biólogos y monitores que participaron en los programas aprendieron a extrapolar las lecciones de convivencia que imparte la Goleta Morena. Porque el barco es como el mundo, un lugar con limitaciones espaciales en el que sus moradores deben organizarse para un reparto justo de los recursos existentes, deben ponerse de acuerdo para solucionar los problemas que surgen durante la travesía, deben calcular los residuos que pueden albergar a bordo y deben coordinarse para mantener el rumbo fijo.
Pero si la Goleta Morena es una herramienta enormemente eficaz para la concienciación cívica es porque sus pequeñas dimensiones hacen más evidente una máxima que también es aplicable a nuestro planeta: los caprichos tienen un elevado coste ecológico. La mayor parte de los miembros de la tripulación abandonaban la nave con una visión más clara de las consecuencias de sus actos, habiendo comprobado de manera práctica la necesidad de una reducción del consumo, habiendo entendido el papel de la responsabilidad individual en un problema colectivo.
La Oficina del Clima en Reino Unido se ha hecho eco recientemente de un informe de Naciones Unidas que anuncia peores pronósticos que los previstos en 2007 por el Comité Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU, que ya eran bastante preocupantes. Las temperaturas mundiales podrían aumentar cuatro grados centígrados para mediados de la década de 2050 si se mantienen los actuales niveles de emisiones de gases de efecto invernadero. Nos quedan apenas varios decenios para aprender a amar, conocer y respetar este planeta, que sinceramente resulta mucho más acogedor que la Luna, por mucha agua que allí puedan encontrar.
La Goleta Morena sigue su andadura, ahora como observatorio de cetáceos para cualquiera que disfrute observando delfines en libertad y esté dispuesto a convertirse en marinero durante un fin de semana. La Tierra también sigue su andadura, con los líderes de las veinte principales economías desarrolladas y emergentes planteando en su tercera cumbre reformas timoratas a un modelo de crecimiento que es la base del problema medioambiental que hoy constituye la principal amenaza para la humanidad. Que el G-20 reemplace al G-8 como principal foro de cooperación económica a nivel internacional no tiene relevancia si no se altera el orden de prioridades y el bienestar de las personas pasa a ser más importante que el de los capitales.
MARTA CASTILLO |