De momento, solamente ha rodado la cabeza de Ricardo Costa (Foto: García Poveda).
QUE NO DECAIGA LA FIESTA
 

Jóvenes, impresionantes, educadas, discretas y calladitas. Esos eran los requisitos para entrar a formar parte de las fiestas que el cerebro de la trama Gürtel le organizaba a sus amigos del Partido Popular. Como la orgía que, según una conversación intervenida por la Policía e incorporada al sumario, se realizó en el chalé del alcalde de La Nucía, Bernabé Cano, cuando Francisco Correa trataba de seguir adelante con un plan urbanístico bloqueado por motivos medioambientales. «Todos los demás estaban allí en pelotas, cada uno con una tía», dice Correa, quien pidió aparecer como «Don Vito» en las anotaciones de la «Caja B» de las empresas de la red.
Aunque, sinceramente, cuesta imaginar a simpatizantes del patrio Foro de la Familia, que próximamente se manifestará contra el aborto en Madrid, protagonizando semejante escena. Desnudos y abrazados a jovencitas que, para colmo, eran de Europa del Este. Claro que si Mariano Rajoy hubiera ganado las elecciones y hubiera obligado a los inmigrantes a firmar un «contrato de integración» para renovar sus permisos iniciales de residencia, probablemente muchas de ellas no habrían tenido la posibilidad de tentar con sus encantos a las eternas víctimas del PP. Pobre gente desdichada, recibiendo regalos en contra de su voluntad y acosados por mujeres espectaculares, todo como consecuencia de una perversa trama corrupta que pretendía aprovecharse de la inocencia del PP, que además tiene que enfrentarse al hostigamiento de las autoridades judiciales dirigidas por el mismísimo Rubalcaba en este Estado policial en el que vivimos todos los españoles.
Pero sucede que ya no cuela, que los escandalosos detalles que ha sacado a la luz el levantamiento de parte del sumario del caso Gürtel son demasiado obscenos incluso para unos votantes con buenas tragaderas como los suyos. Sucede que su empecinamiento en querer aparecer siempre como mártires ofende a la inteligencia y ya son demasiados los malabarismos que hay que hacer para culpar a ETA o a Zapatero de su propia podredumbre. Han agotado sus comodines y, por muchos relojes que le regalen a Rouco Varela y a sus amigos de la Conferencia Episcopal Española, no es probable que el Vaticano interceda para sacarlos de este entuerto. Porque Benedicto XVI ya tiene bastante con rezar por el buenazo de Berlusconi. Otro pobre hombre, que acaba de perder la inmunidad por culpa de una panda de jueces rojos y que también sufre en sus carnes el acoso de féminas con curvas de infarto. Que para mayor desgracia, en lugar de ser discretas y calladitas, como aconsejaba la Sección Femenina a las mujeres durante el franquismo y como les gustan las chicas a Correa y sus amigos, le han salido díscolas. Deberían canonizarlo.
Llegados a este punto resulta más que razonable la demanda del coordinador de Izquierda Unida en Alicante, José Antonio Fernández Cabello, de poner bajo sospecha todas las adjudicaciones de contratos públicos al empresario Enrique Ortiz, vinculado en el informe de la Unidad Central de Delincuencia Económica y Fiscal con la trama de financiación ilegal del PP. Ortiz, cuyas empresas han obtenido entre 2004 y 2008 más de 129 millones de euros en adjudicaciones de la Generalitat, negó ser amigo de Luis Díaz Alperi cuando el ex alcalde de Alicante declaró ante el juez como imputado, acusado de presunta prevaricación, tráfico de influencias, falsedad y malversación de caudales públicos por el caso de los aparcamientos. Nadie en Alicante se tragó la negación de una amistad que Ortiz y Alperi nunca se han molestado en ocultar.
Por ahora, aquí sólo la cabeza de Ricardo Costa ha rodado como consecuencia del levantamiento parcial del sumario del caso Gürtel. Pero la fiesta, en contra de lo que anunció González Pons el Día de la Comunidad Valenciana, no ha terminado. Porque la presión que la dirección nacional del PP está ejerciendo sobre el presidente valenciano, Francisco Camps, para tomar medidas frente a la crisis del PPCV choca con una resistencia que podría hacer saltar la chispa desencadenante del efecto dominó que muchos estamos esperando. Así pues, que no decaiga la fiesta. Y, si no es mucho pedir, que acabe con una purgadora y sonora traca.

MARTA CASTILLO