El paralogismo que reza que todos los políticos son iguales se ha puesto de moda en estas tierras levantinas castigadas por el pillaje de alto copete. Es un magnífico cajón de sastre que pretende diluir responsabilidades a base de tópicos, que busca mezclar la decencia con la mezquindad, el trabajo con la farándula. Así, en esa cómoda argamasa, quienes delinquen se sienten más cerca de quienes no delinquen y apaciguan su mala conciencia pensando que la avaricia forma parte de la condición humana. Pero es obvio que no somos todos iguales. Hay personas que no saben reprimir sus instintos violentos y acaban en la cárcel, pero hay personas que sí saben y pueden seguir disfrutando de la libertad. Del mismo modo, hay políticos que no saben resistir la tentación de abusar del poder que les ha sido otorgado y acaban en la cárcel (aunque no siempre, por desgracia), pero hay políticos que sí saben y pueden seguir representando a los ciudadanos. La diferencia es abismal y querer difuminarla es la típica taimada estrategia del que se sabe culpable.
Otro clásico refugio del culpable es ampararse en el defecto de forma. El Partido Popular de la Comunidad Valenciana lo utiliza con insistente frecuencia. Veamos un reciente ejemplo de ello en el que salta a la vista la diferencia entre trabajo y farándula. Hace un par de semanas aproximadamente varios profesores del instituto Virgen del Remedio de Alicante crearon un fondo solidario para que los alumnos con serios problemas económicos pudieran desayunar diariamente. La iniciativa nace para paliar un problema que compete a la Concejalía de Acción Social del Ayuntamiento de Alicante, pero ante la inacción de la Administración municipal los profesores han optado por buscar una solución de urgencia a una situación dramática. Sofía Morales, directora del instituto, asegura que los trámites de la Administración se dilatan hasta medio año para familias de alumnos que viven casi en la indigencia. Sin embargo, Asunción Sánchez Zaplana, concejal de Acción Social del Ayuntamiento de Alicante, en lugar de agradecer a este grupo de profesores un trabajo que ella no hace, se queja porque no han cumplido con el protocolo. Según la edil no se ha informado al Ayuntamiento siguiendo los cauces oficiales sobre la situación de alumnos mal alimentados en el Instituto Virgen del Remedio. Y por ese motivo se niega a intervenir en la labor de los servicios sociales en la Zona Norte de Alicante, donde se encuentra el centro educativo.
Diversas cadenas de televisión se hicieron eco de la triste noticia en sus espacios informativos, pero la responsable municipal se remite a aspectos formales para lanzar balones fuera. En Alicante hay menores escolarizados que pasan hambre y Asunción Sánchez Zaplana se limita a decir que “existe un protocolo de derivación de casos de expedientes”. Ella, por contraposición al grupo de profesores que han ideado una manera de ayudar a sus alumnos, pertenece a la farándula. “Mundillo de la vida nocturna formado por figuras de los negocios, el deporte, la política y el espectáculo”, según su tercera acepción en el Diccionario de la Real Academia Española. En el fondo, a la farándula siempre le ha parecido ordinario implicarse en la resolución de problemas terrenales. La elegancia y el protocolo, por el contrario, siempre les parecen necesidades de primer orden. Asunción Sánchez Zaplana, al igual que Camps o Costa, acude siempre impecable a cualquier acto o sarao.
Lo comprobé en la conferencia que Eduardo Galeano ofreció recientemente en esta ciudad. Me sorprendió encontrarla allí, escuchando en primera fila las duras críticas del escritor uruguayo a una clase política hedonista y despreocupada por el sufrimiento ajeno. Pero cuando la conferencia terminó ella se levantó raudamente y aplaudió con entusiasmo. Todos pudimos ver entonces su elegante traje de chaqueta, su discreto maquillaje de ojos y sus caros pendientes. A fin de cuentas, de eso se trataba.
MARTA CASTILLO |