Manifestantes saharauis en la calle de La Paz de València (Foto: García Poveda).
QUERIDO VIERNES
 

Los viernes son días simpáticos por antonomasia, puesto que abren la puerta al fin de semana. El pasado viernes 18 de diciembre fue, además, uno de esos días en los que el mundo parece guiñarte un ojo. La jornada comenzó con una noticia inesperada, el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana acordaba la suspensión cautelar del plan Rabassa, el proyecto urbanístico que prevé la construcción de 13.503 viviendas en la periferia norte de Alicante. Otro programa urbanístico adjudicado al promotor Enrique Ortiz al que el Consell dio luz verde el pasado mes de mayo. El Ejecutivo de Zapatero, a través de la Delegación del Gobierno en Valencia, solicitó hace unos meses la paralización cautelar del proyecto después de haber presentado un recurso incidiendo en la imposibilidad de garantizar el suministro de agua para las viviendas previstas y en el hecho de que se hubiera aprobado al margen del Plan General de Ordenación Urbana. La iniciativa fue recurrida también por el Grupo Socialista de las Cortes Valencianas y por la Plataforma Iniciativas Ciudadanas. El alto tribunal ha decidido paralizar de manera cautelar el plan Rabassa precisamente porque el macroproyecto no cuenta con el preceptivo informe favorable de la Confederación Hidrográfica del Júcar sobre la disponibilidad de recursos hídricos y porque el Ayuntamiento lo tramitó al margen del Plan General de Ordenación Urbana de la ciudad.
Un triunfo del sentido común que no vino solo, porque ese era un viernes cargado de buenas noticias. Después de 32 días en huelga de hambre, la activista saharaui Aminetu Haidar reconocía desde su casa en El Aaiún que la resolución de su caso es “una victoria del Derecho Internacional, de los Derechos Humanos, la justicia internacional y la causa saharaui”. Una gran noticia que, a juzgar por el gesto fúnebre con que la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, compareció para criticar al ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, no ha entusiasmado especialmente a los miembros del PP. Tampoco creo que estén celebrando con champán la decisión del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana a propósito del plan Rabassa.
Me temo que la tercera buena noticia de mi querido viernes 18 fue otro jarrón de agua fría para los populares. Me refiero a la decisión del Parlamento catalán de seguir adelante con la tramitación de una Iniciativa Legislativa Popular, avalada por 180.000 catalanes, que pide la prohibición de los toros. Un total de 67 diputados votaron a favor de permitir que la iniciativa pueda continuar debatiéndose, superando el obstáculo que suponían las enmiendas a la totalidad presentadas por PSC, PP y Ciudadanos, que fueron respaldadas por 59 diputados. Donde el PP ve otro síntoma de que España se rompe yo veo una sociedad más madura, que no disfruta con el martirio de un animal y que no desea ser identificada con un espectáculo sangriento. La tortura está y debe seguir estando en las antípodas de la cultura.
La cuarta y última noticia que me alegró la mañana sucedió durante la Cumbre sobre Cambio Climático de Copenhague. El director ejecutivo de Greenpeace España, Juan López de Uralde, y otra activista de la asociación ecologista eran detenidos por la policía tras burlar la seguridad y acceder al banquete de gala para líderes mundiales que se celebraba en el palacio de Christiansborg, donde la reina Margarita II de Dinamarca presidía la cena. Una vez dentro, ambos desplegaron una pancarta delante de las cámaras de la cadena de televisión pública danesa en la que se podía leer “Los políticos hablan, los líderes actúan”. Poco después, el presidente de EEUU, Barack Obama, afirmaba en su discurso ante la cumbre de la ONU sobre cambio climático que había ido “no a hablar, sino a actuar”. Eso esperamos, pero en cualquier caso, gracias, querido viernes, por recordarme que una causa justa acompañada de persistencia es casi invencible.

MARTA CASTILLO