Me reí mucho con Ben Stiller en TROPIC THUNDER.
ATRAPADOS EN EL TRÓPICO

Querido Casto:
A mí también me sentó de maravilla el triunfo de Obama en las elecciones americanas. Principalmente porque, en caso de haber ganado del septuagenario John McCain y la remilgada Sarah Palin, ambos habrían puesto en marcha la maquinaria para retirar del mercado Who’s Nailing Pailing, esa película tan instructiva que recomendabas la semana anterior y que, de momento, te ha dado una satisfacción personal.
Sin embargo, he de reprobarte la fea costumbre de recurrir a la mula cibernética para proveerte de películas. Has de saber que esa práctica está penada por la ley y contribuye a fomentar la piratería, un mal que redunda negativamente en quienes crean obras de arte. Yo, por ejemplo, vi esas películas que acabas de poner en el acelerador de partículas culturales de internet en las salas de cine, rodeado de tipos que comen palomitas y beben coca-colas desventadas mientras ríen hasta las escenas más dramáticas de la acción. Lo hice, sobre todo, para comprobar si las críticas negativas que han padecido los filmes de Mike Judge, Ben Stiller y Dennis Dugan por parte de los especialistas de nuestra amada publicación son merecidas o, por el contrario, vieron estos filmes en un día en el que tenían poca predisposición hacia la risa fácil.
Tropic thunder la vi hace unas semanas con esa inquietud y he de decirte que es posible que nuestros ilustres compañeros de cartelera tengan razón para ponerla a caldo. Es una película que, quizás, no profundiza en los aspectos colaterales de la guerra de Vietnam ni reflexiona sobre los mecanismos del cine bélico, al que parodia sin piedad. Pero yo me lo pasé bomba viéndola y, sin ánimo de querer ser crítico de cine, le habría puesto una nota muy superior al desangelado (1) que le han cascado nuestros colegas. Por eso no hago críticas en la Turia. Y, si las hiciera, me despedirían a la segunda semana.
Probablemente tenga debilidad por Ben Stiller, ese pequeño actor de músculos hinchados de anabolizantes y cara de primate que se dio a conocer para el público español en un pequeño papel en El imperio del sol, de Steven Spielberg, y, años más tarde, como fetiche de las películas de los hermanos Farrelly, cineastas de gusto por lo escatológico y humor absurdo. Pero, sin duda, el verdadero descubrimiento del talento de Stiller se produjo con una cinta dirigida por él mismo, Zoolander (2001), sátira desternillante y ácida sobre el mundo de la moda. Una película inteligente, divertida y llena de cargas de profundidad sobre los tics del universo de los desfiles de modelos y los grandes diseñadores.
Tras esa joya de humor corrosivo y cachondeo ilimitado, Tropic thunder suponía un gran reto para Stiller, cada vez más inmerso en su faceta de actor. Como ya le ocurrió hace 40 años al gran Jerry Lewis, otro cómico que compaginó una brillante carrera como intérprete con la dirección de sus propios filmes, Ben Stiller no ha rebajado ni un ápice su arsenal crítico en esta nueva película. Tropic thunder nos traslada al rodaje de una película sobre Vietnam por parte de un grupo de reputados actores, todos ellos con un pasado lleno de polémica y un presente lleno de egoísmo, para darle la vuelta a la ficción y sumergir al elenco protagonista en una guerra real contra un ejército de narcotraficantes en el sureste asiático.
El resultado es una comedia plagada de referentes al mundo de Hollywood, desde el actor que cambió la pigmentación de su piel por medios quirúrgicos para interpretar a un soldado de raza negra hasta el guionista que reescribe su propio libro, basado presuntamente en una historia real, sin haber pisado jamás territorio vietnamita. Y, por encima de todo, Tropic thunder se erige, como ya ocurría en Zoolander, en el más visible estandarte de la nueva comedia americana, la heredera de aquellos filmes que huían de la risa fácil para entrar a saco en la parodia de los lugares comunes del cine americano. Una tradición que engloba desde Chaplin hasta Lewis, desde las primeras comedias de Zucker, Abrahams y Zucker, con Aterriza como puedas a la cabeza, hasta películas como Un final made in Hollywood, en la que Woody Allen se reía de sí mismo al encarnar a un director que se queda ciego durante un rodaje y, contra todo pronóstico, no abandona su trabajo.
Además, me reí mucho viendo Tropic thunder. Espero que a ti te ocurra lo mismo, aunque la veas en la versión descargada del emule.
Un saludo

FRANK LASECCA