José Bono en la boda de su hija (Foto: María Maravillas).
BEATO BONO ES PURO ABONO

Querido Frank: Comparto tu entusiasmo por Ben Stiller, ese gran cómico judío-irlandés de la escuela de Nueva York, pero a mí quien realmente me fascina ahora es un cantinflas castellano-manchego de Venta del Toboso. Su nombre es Bono, José Bono, y actúa como presidente y domador en el circo del Congreso de los Diputados, después de haber sido un muy patriótico ministro de Defensa (2004-06) y un casi vitalicio presidente de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha (1983-2004), además de ser el consuegro del inmortal Raphael desde hace unos meses, a raíz de la megaboda pija de su hija Amelia con el aristocrático Rafael Martos.
Ya sabes, Frank, que siempre he mantenido obsesiones políticas perversas. Y más en estos tiempos deflacionarios y carroñeros, cuando la prensa rosa ha entrado en una dinámica repetitiva tan previsible y poco estimulante que parece estar siendo sustituida por la política como la más chirriante manifestación de la cultura basura. De ahí que me interesen más los teléfonos blancos o calientes de Zaplana, los abdominales neocons de Aznar y las gafas veladas de Fabra que los desvaríos psicológicos de Raquel Mosquera, los estropajosos desnudos de Belén Esteban o los amores octogenarios de la duquesa de Alba. Me encantan los líos de faldas, facturas y fracturas de la beautiful people del PP, pero mi político preferido es José Bono, puesto que juega en el equipo equivocado. De hecho, deberían llamarlo Pepé Bono, si tenemos en cuentas la polémica iniciativa de la placa en el congreso dedicada a sor Maravillas (la tía abuela de Zaplana) o su último desliz lingüístico ante diputados populares en el Congreso («los de los partidos propios son unos hijos de puta»).
La política española se está convirtiendo en un intrigante culebrón de amores ciegos, fidelidades traicionadas y pasiones contra natura en el que José Bono bien podría interpretar al cura don Cipriano de L’alqueria blanca o al padre José Enrique de la primera temporada de Amar en tiempos revueltos. Lo fundamental es que el beato Bono luzca sotana preconciliar para poder darnos la tabarra con su habitual sermón moralizante y demagógico en ese tono gangoso, paternalista y campechano que le caracteriza. Porque José Bono se siente muy orgulloso de su condición de católico practicante y encuentra muchos puntos de conciliación y coincidencia entre el ideario progresista de los socialistas y la reaccionaria doctrina de la Iglesia. ¿Cómo puede comulgar un dirigente socialista tan destacado con las tesis cavernícolas de esa secta intolerante que ataca de forma virulenta y mezquina las políticas sociales más avanzadas del PSOE? De ser coherente con el ideario del buen católico y guardar la debida obediencia a los dictados de la Conferencia Episcopal, Bono debería rechazar el divorcio, el aborto, los matrimonios homosexuales, la asignatura de Educación para la Ciudadanía, la experimentación con células madre, la ley de Memoria Histórica, el condón y la píldora. No nos engañemos, la Iglesia católica nunca podrá ser moderna, liberal o mínimamente progresista, la jerarquía eclesiástica está conformada en su mayoría por radicales de ultraderecha, nostálgicos de Franco, inquisidores crueles, beligerantes e implacables. Tan sólo el ala más dura y extremista del PP encaja con el perfil ideológico de la Conferencia Episcopal. ¿Por qué insiste Bono en congraciarse con sectores integristas y fanáticos que odian a ZP y nunca votarán a su partido?
Sin embargo, lo que más me molesta del reciente caso de sor Maravillas y de otras actuaciones del actual presidente del Congreso es que ningún dirigente, diputado o alto cargo del PSOE tenga la valentía y honestidad de criticar a Bono en público por su catolicismo militante, su rancio patrioterismo y su verborrea simple y demagógica. ¿Cobardes, hipócritas o simples paniaguados? En vez de caerle el pelo por sus incongruentes y contradictorias iniciativas, el beato Bono se lo implanta en un gesto de vanidad capilar propia de Berlusconi. Bueno, Frank, no te doy más la tabarra, espero que me cuentes cosas de tu reciente viaje a Nueva Zelanda. Un abrazo.

CASTO ESCÓPICO