Querido Frank: Comparto tu alegría por el Goya honorífico que le otorga la Academia a Jesús Franco. Tan sólo espero que al tío Jess en su discurso de agradecimiento no se le ocurra introducir algún enojoso pareado, porque ya sabes con qué rijosa palabra coloquial rima Goya. También yo compartí momentos especiales con Jesús Franco en el Festival de Málaga, pero ya no recuerdo exactamente las circunstancias. Ya sabes, como los porros, el exceso de cerveza produce charcos y lagunas mentales. Y mi cerebro ya parece los Grandes Lagos de Norteamérica. Cambiando de tercio (Mahou, un sabor cinco estrellas), Vicente me comenta el revuelo mediático y político que ha provocado un espectáculo de striptease en la cárcel de Picassent celebrado el pasado 2 de enero y que fue denunciado por el sindicato de prisiones Acaip. Sinceramente, la polémica me parece tan desmedida, como irritante y aburrida, pero no por ello voy a dejar de comentarla, puesto que las Sex Party de los Premios Turia también fueron en sus inicios objeto de críticas airadas por algunas desafinadas voces de un cierto fundamentalismo de la corrección política y la mojigatería carmelita.
Cargando un poco las tintas y exagerando los hechos, el sindicato Acaip presentó un escrito de denuncia en el que confunde un simple striptease con un espectáculo porno, calificándolo de «escandaloso» y que «denigra de forma flagrante la condición femenina». Al conocerse la denuncia, todos los grupos políticos se apuntaron a la rentable declaración demagógica de condena. Tanto Carmen Navarro del PP como Glòria Marcos de IU exigieron la dimisión inmediata del director de la cárcel de Picassent por el espectáculo «machista y denigrante» y pidieron explicaciones en el Congreso. Más benévolo en sus declaraciones se mostró un portavoz del Ministerio de Igualdad que simplemente consideró el acto nada apropiado para las cárceles, coincidiendo así con la opinión de la secretaria general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo. Por su parte, el director de Picassent, Ramón Cánovas, pidió disculpas a quienes pudieron sentirse ofendidos con la visión del cuerpo desnudo de la stripper valenciana Daniela, pero recordó que durante el espectáculo no se produjo ningún incidente y que los reclusos se comportaron correctamente en todo momento. Por fortuna, todo ha quedado en una simple marejadilla, puesto que Gallizo no sólo no ha destituido a Cánovas sino que ha destacado la buena labor que viene realizando en la cárcel de Picassent.
La principal beneficiada de este asunto es la stripper Daniela que se ha ganado un dinero enseñando en las páginas de «Interviú» lo que ya vieron los reclusos de Picassent. En la entrevista que acompaña a sus fotos, Daniela ha declarado que «los presos preventivos se comportaron de fábula. Aplaudieron, me piropearon e incluso vinieron al camerino a pedirme besos y a darme las gracias». También recordó que Rafa, el hermano gemelo de Dinio, había realizado stripteases en prisiones femeninas sin que nadie se quejara.
Además del escándalo puritano que siempre generan los espectáculos eróticos, me inquieta e irrita la pobre consideración social que se tiene de los reclusos. ¿No tienen derecho a ver un cuerpo desnudo? ¿Acaso un simple striptease los puede convertir en peligrosos criminales? Bueno, Franky, prefiero cambiar de tercio (San Miguel, donde va, triunfa) y no darte más la tabarra. Un abrazo.
CASTO ESCÓPICO |