BINGO, BIGOTES Y CASPA
 

Querido Casto:
Compruebo con estupor que tu vagancia a la hora de escribir aumenta con los años. Ahora, ya no te exprimes el cerebro para coordinar el sujeto con el predicado y llenar un folio contándome cosas, sino que le mandas por e-mail la entrevista a Ana Elena Pena y la reproduces tal cual con el primitivo sistema del corta y pega. Me parece espléndido, porque lo que cuenta la querida Ana Elena en la entrevista es tan alucinante que sólo con la ingestión de varios gin-tónic podría habérsele ocurrido a un plumilla desheredado, como tú o yo.
Hoy voy a hablarte de un tema de actualidad. Habrás leído en los periódicos que el juez Garzón ha detenido a un tipo con bigotes a lo Dalí que organizaba eventos para el PP y cuya foto salió hace unos días en “El País” enseñando su moto a un famoso productor valenciano. Se llama Álvaro Pérez Alonso y, como señalaba la Turia en el ejemplar de la semana pasada, tiene un pasado ligado a ese tipo de cine que tanto nos gusta, el del destape gratuito y la españolada cerril de los primeros años de la Transición. Álvaro Pérez es familia de Chonchi, una de las tortuosas mujeres de Andrés Pajares, y produjo (es decir, puso la pasta) dos de las películas de la edad de oro de la pareja cómica por excelencia del cine español, la que formaron Fernando Esteso y el propio Pajares.
En los primeros años de la nueva democracia española, Andrés Pajares y Fernando Esteso eran los dos cómicos más notables del país. Aparecían regularmente en televisión, recorrían España con sus espectáculos y habían hecho sus pinitos como actores de comedia en algunas películas de los setenta. Eran cómicos al estilo clásico, es decir, nada que ver con esa moda de sentar a un tipo en un taburete ante un muro de ladrillos a contar chistes o historias cotidianas. Pajares y Esteso, por separado, contaban chistes, hacían imitaciones de personajes famosos y hasta cantaban. Pajares, por ejemplo, era un especialista en parodiar el tono grandilocuente y soberbio de Jesús Hermida, por aquel entonces corresponsal de TVE en Nueva York, mientras que Esteso se había decantado por un tipo de humor más cercano al agropop e incluso algunas de sus canciones, como “Bellotero Pop” o “La Ramona”, formaban parte del repertorio de cualquier fiesta gamberra con excesiva ingestión de alcohol.
El veterano productor José Luis Bermúdez de Castro y el responsable de Izaro Films, José María Reyzábal, tuvieron la idea de unirlos en una película y se lo propusieron a Mariano Ozores. Ozores recibió el encargo con entusiasmo y, como siempre atento a las últimas tendencias de la sociedad española, escribió un guión ambientado en un bingo, una de las aficiones más populares de la época. La película se llamó Los bingueros y fue la primera de las nueve películas que hicieron que la pareja se convirtiera en leyenda de cine español. Aunque he leído en algún medio de comunicación que Álvaro Pérez, además de contribuir económicamente a la causa, participó como actor en esta película, no lo recuerdo. No sé si era un extra que jugaba unos cuantos cartones en la sala o alguien que, en calzoncillos, perseguía a África Pratt y Roxanna Dupré, quienes, por cierto, se desnudaban íntegramente por primera vez en aquella película.
Tras Los bingueros llegaron Los energéticos y Yo hice a Roque III, sin duda la mejor película de la pareja. Es una desmadrada parodia de la saga Rocky en la que ambos están sublimes y que también produjo, según las crónicas políticas actuales, el familiar de Chonchi y de Pajares. Los chulos y Los liantes completan el quinteto de películas imprescindibles de la pareja basura por excelencia del cine español, ya que los cuatro filmes que rodaron en los tres años siguientes (Todos al suelo, Padre no hay más que dos, La Lola nos lleva al huerto y Agítese antes de usarla) tienen bastante menos gracia y dan fe de que la fórmula estaba agotada.
Las películas de Pajares y Esteso llegaron al corazón del público español con una fórmula muy sencilla: la representación del espabilado de clase media que intenta ganarse la vida sin tener que trabajar. Los dos cómicos eran una especie de superhéroes comunes, que utilizaban su primitivo ingenio para buscarse la vida, y a los pies de los cuales caían las mujeres como moscas. Era un cine machista, homófobo y chabacano, lleno de sal gruesa y rodado con la dinámica de la serie B, en pocos días y con mucha improvisación. Pero era un cine entrañable, que acuñó un género singular en el cine patrio: la comedia de destape.
Un saludo

FRANK LASSECA