Sandra Uve con su lubro "Ponme la mano aquí" (Foto: P. G.).
LAS INTIMIDADES DE LA SEÑORITA UVE
 

Querido Casto:
Tenía la idea de afeitarme la barba que me confiere un aspecto de progre tristón y conservar únicamente un bigote que alegrara mi cara, pero, al leer tu historia universal del bigote he desistido. En realidad pretendía parecerme a John Holmes, Harry Reems o Ron Jeremy, fenómenos del porno que lucían ese adorno piloso sobre los labios, pero he pensado que igual el bigote me daba un aspecto similar a Hitler, Franco o Aznar.
Y es que el bigote, como bien señalas, es un rasgo propio de los hombres y de algunas mujeres con escasa preocupación por la depilación facial. Como hablar de sexo. Mucha gente tiene la idea de que sólo los hombres comentan, delante de otros hombres, sus aventuras sexuales, ya sea por la calidad de sus encuentros carnales, ya sea por la cantidad. De hecho, los hombres en general solemos arrastrar una merecida fama de fanfarrones cuando ponemos en común nuestras aventuras eróticas, con lo que eso supone de confusión entre la realidad y la ficción.
Pero resulta que las mujeres también hablan de sexo entre ellas. Eso es lo que cuenta Sandra Uve en su último libro, “Ponme la mano aquí”, una mezcla entre ensayo, libro de autoayuda (no sólo la mano sirve para autoayudarse cuando nos referimos al sexo) y novela gráfica en la que, a través de los ojos de Romina, una chica de 31 años liberal y liberada, Uve nos introduce en ese mundo oculto y desconocido para quienes formamos parte de la población masculina.
Sandra Uve no es una neófita en temas de sexo. Desde los 18 años, cuando publicaba fanzines con sus amigos, ha hecho de todo. Y muchas de las cosas que ha hecho tienen que ver con el sexo. Ha sido articulista de revistas como “Primera Línea” o “Rolling Stone”, ha dirigido dos programas de televisión en TV-3, ha presentado y guionizado una sección propia en Cuatrosfera, el espacio nocturno alternativo de Cuatro, ha publicado dos libros de cómics y ha dirigido dos películas X: Ángel de noche, que firmó con el seudónimo de Tatiana Lies, y 616 DF: El Diablo Español vs. Las Luchadoras del Este. Sandra sabe de lo que habla y lo hace sin pelos en la lengua. En “Ponme la mano aquí”, la periodista catalana combina el diario personal de la protagonista con la transcripción de las conversaciones que mantiene, siempre sobre temas sexuales, con sus amigas a través del Messenger. Cuenta Sandra que todo (o casi todo) lo que podemos leer en su libro está basado en experiencias propias o de amigas que conoce, que nada es fruto de su imaginación si exceptuamos la ordenación de los elementos con los que ha trabajado para dotar a su relato de una trepidante agilidad. Para completar este regalo que Uve ofrece a hombres y mujeres, el libro está ilustrado por ella misma en un maravilloso cuento visual que provoca mucho más que curiosidad morbosa.
“Ponme la mano aquí” nos introduce en esas conversaciones íntimas como el ojo del voyeur que daría parte de su vida por estar presente, de modo invisible, en un lugar acotado para él. Pero, además, es un libro educativo. Tenemos tendencia a pensar que lo sabemos todo sobre la sexualidad, que nos basta con haber tenido unas cuantas experiencias, haber visto un montón de películas porno y haber compartido vivencias con nuestros amigos para creer que el sexo es un territorio en el que nos movemos dentro del conocimiento absoluto. Nada más lejos de la realidad. Con este libro aprendemos que cada uno vive el sexo conforme a su propia personalidad, que las mujeres tienen una sensibilidad diferente a la de los hombres cuando hacen el amor o que el arte de la seducción no es un universo exclusivamente masculino.
Ya sé, amigo Casto, que estamos mayores, que nuestros tiempos de aprendizaje pasaron hace años y que ahora preferimos una buena juerga a agotadoras sesiones de sexo, excepto cuando nos ponemos a ver porno. Pero, como dice el refrán, nunca te acostarás sin saber una cosa más. Y el nuevo libro de Sandra Uve te ayuda a saber más cosas incluso cuando te tienes que acostar con alguien. Ya estás tardando en ir a comprarlo.
Un saludo.

FRANK LASECCA